Ahí vamos es un álbum de Gustavo Cerati lanzado en 2006. Grabado en Buenos Aires. Producción a cargo de Gustavo Cerati. Escuchalo completo en LyricStream.
En 2006, Gustavo Cerati emergió de las sombras de su experimentación electrónica para reclamar el territorio del rock con una furia contenida y una precisión quirúrgica. Grabado entre Buenos Aires y Los Ángeles, el álbum nació de una necesidad casi biológica de reconectar con la guitarra eléctrica, el amplificador y el riff directo que perfora el alma. Cada canción, desde 'Adiós' hasta 'Crimen', respira una energía visceral que no solo celebra el cuerpo, sino que lo desafía a moverse, a sentir el bajo en el pecho y la distorsión en la nuca. Fue un regreso triunfal que le valió el Grammy Latino al Mejor Álbum de Rock Vocal, un premio que certificó lo que sus seguidores ya sabían: Cerati había vuelto a casa con las manos llenas de poder.
La producción del disco, a cargo del propio Cerati junto a Tweety González y otros colaboradores, buscó capturar la inmediatez de una banda en vivo, sin artificios innecesarios pero con una claridad sonora que respeta cada matiz. Las guitarras no solo acompañan: arañan, susurran y explotan en estribillos que se clavan en la memoria como himnos de una generación que necesitaba redención. 'Lago en el cielo' y 'La excepción' son testimonios de un compositor que entiende el rock no como un género, sino como un estado de gracia donde la melodía y la potencia se funden en un solo latido. Es un disco que se escucha con los puños apretados y los ojos cerrados, dejando que la electricidad recorra cada vértebra.
Más que un álbum, 'Ahi vamos' es una declaración de principios: la afirmación de que el rock sigue siendo el lenguaje más directo para hablar de la fragilidad humana, el amor que se desvanece y la esperanza que renace. Cerati, con su voz rasgada y su carisma intacto, no solo cantaba canciones: las vivía en cada toma, dejando que la emoción manchara las cintas. El resultado es un disco que suena a carretera, a noche infinita y a amanecer después de la tormenta, un testimonio de que incluso después de los viajes más abstractos, uno puede regresar a la esencia y encontrar allí una fuerza incontenible.