Maledetti es un álbum de Area lanzado en 1976. Grabado en Grabado en 1976 en los estudios Cinevox de Milán, durante un período de intensa experimentación política y musical para Area, que acababa de consolidar su formación clásica tras la salida de Johnny Lambizzi y la inclusión de Patrizio Fariselli, Ares Tavolazzi y Paolo Tofani, y que buscaba expandir los límites del rock progresivo italiano con un enfoque más agresivo y vanguardista.. Producción a cargo de Area y Gianni Sassi. Escuchalo completo en LyricStream.
En 1976, Area se encontraba en la cúspide de su creatividad tras el éxito de 'Crac!', y decidió plasmar en 'Megalopoli' una crítica feroz a la sociedad industrial y urbana, inspirada por el crecimiento desmedido de las ciudades y la alienación moderna. El álbum se grabó en los estudios Cinevox de Milán, con la formación estable de Demetrio Stratos (voz), Patrizio Fariselli (teclados), Ares Tavolazzi (bajo), Paolo Tofani (guitarra) y Giulio Capiozzo (batería), quienes trabajaron con el productor Gianni Sassi para lograr un sonido más crudo y directo.
Musicalmente, 'Megalopoli' es una obra maestra del jazz-rock y la vanguardia, con canciones como 'Megalopoli' y 'L'Internazionale' que combinan ritmos sincopados, improvisaciones libres y la inconfundible voz teatral de Stratos, que alterna entre gritos desgarradores y susurros hipnóticos. Destacan las colaboraciones internas del grupo, donde los teclados de Fariselli y la guitarra de Tofani crean texturas densas y disonantes, mientras que la sección rítmica de Tavolazzi y Capiozzo sostiene una base poderosa y casi tribal, reflejando la tensión de una urbe en crisis.
El impacto de 'Megalopoli' fue inmediato en la escena progresiva italiana, consolidando a Area como una de las bandas más radicales y políticamente comprometidas de la década, y su legado perdura como un testimonio sonoro de la resistencia cultural frente al capitalismo. Este disco no solo influyó en generaciones de músicos de rock experimental y jazz, sino que también se convirtió en un himno para los movimientos de izquierda, demostrando que la música puede ser un arma de crítica social sin perder su complejidad artística.