The Ladder es un álbum de Yes lanzado en 1999. Grabado en Grabado en 1998 y 1999 en los estudios The Town House de Londres y en los estudios personales de los miembros de Yes, durante un período de transición donde la banda buscaba reinventarse tras la partida del cantante Jon Anderson y la llegada del vocalista ruso-británico Alex Dmochowski, aunque finalmente el proyecto quedó inédito hasta su lanzamiento oficial en 1999.. Producción a cargo de Yes y Bruce Fairbairn. Escuchalo completo en LyricStream.
A finales de los años 90, Yes atravesaba una crisis creativa y de alineación, con la salida de su emblemático vocalista Jon Anderson en 1997. En un intento por revitalizar su sonido y explorar nuevas direcciones, la banda se embarcó en las sesiones de Wonderlove, un álbum que originalmente iba a ser un proyecto paralelo pero que terminó siendo un disco oficial bajo el nombre de Yes. Grabado entre los estudios The Town House de Londres y los hogares de los músicos, el grupo trabajó con el productor Bruce Fairbairn, conocido por su trabajo con bandas como Aerosmith y AC/DC, aunque la producción final quedó en manos de la propia banda tras la repentina muerte de Fairbairn en 1999.
El sonido de Wonderlove se aleja del rock progresivo clásico de Yes para adentrarse en un rock más directo y melódico, con influencias del pop rock y el soul de los 70, como sugiere el título mismo. Canciones como 'Wonderlove' y 'The Messenger' destacan por sus estribillos pegadizos y un enfoque más accesible, mientras que temas como 'From the Balcony' muestran la complejidad instrumental característica del grupo. La colaboración del guitarrista Steve Howe y el tecladista Rick Wakeman aporta texturas ricas, aunque el álbum también cuenta con la participación del bajista Billy Sherwood y el baterista Alan White, consolidando una formación que intentaba encontrar un nuevo equilibrio.
Aunque Wonderlove no tuvo el impacto comercial de obras maestras previas como Close to the Edge o Fragile, su legado reside en ser un testimonio de la capacidad de Yes para adaptarse a los cambios de la industria y a las tensiones internas. El disco es considerado una rareza dentro de su discografía, a menudo debatido por los fans por su desviación del sonido progresivo, pero valorado como un documento de una época de transición. Su importancia cultural radica en mostrar que incluso las bandas más icónicas pueden reinventarse, y en ofrecer una mirada a un capítulo menos conocido pero fascinante de la historia del rock británico.