Tras ocho años de silencio discográfico y un convulso carrusel de cambios de vocalista que finalmente trajo de vuelta a Joey Belladonna, Anthrax grabó este álbum como un acto de devoción pura al metal. El proceso fue largo y lleno de obstáculos, pero culminó en una explosión de creatividad que buscaba recuperar el espíritu de los ochenta con la potencia tecnológica del siglo XXI, buscando un álbum que fuera una celebración de la música que aman y un tributo a sus fans que nunca perdieron la fe en el regreso triunfal de la alineación clásica al estudio de grabación.
El álbum es una obra maestra de thrash metal melódico y moderno, donde himnos como 'The Devil You Know', 'In the End' y 'Fight 'Em 'Til You Can't' despliegan una energía juvenil y una sabiduría compositiva asombrosas. El sonido es panorámico, nítido y profundamente emotivo, con Belladonna cantando mejor que nunca sobre un muro de sonido que resuena con la grandeza de sus mejores tiempos, creando una atmósfera de victoria y júbilo metálico que demostró que la química entre los músicos originales seguía siendo un fenómeno sobrenatural e indestructible.
Worship Music fue un éxito rotundo de crítica y público, debutando en lo más alto de las listas y devolviendo a Anthrax a la primera línea de la cultura popular mundial. Su legado reside en haber protagonizado uno de los regresos más dignos y exitosos de la historia de la música, validando la importancia vital del 'Big Four' en el nuevo milenio y reafirmando que Anthrax seguía siendo el corazón latente y más innovador del thrash metal, siempre listo para 'adorar' la música junto a su público fiel.