En el amanecer de la nueva década y con un espíritu de hedonismo desenfrenado y alegría bailable, Blondie grabó este álbum como una oda al funk, al soul de los setenta y al pop más extravagante de la era americana. El proceso fue una inmersión en la narrativa de la noche y el deseo, buscando un sonido que fuera el reflejo exacto de una fiesta galáctica donde todo es posible y el ritmo es la única ley sagrada de la humanidad, resultando en una obra de una vitalidad y una frescura absolutamente arrolladoras que sorprendieron a todo el planeta musical al final de la década de los ochenta con una clase envidiable.
Musicalmente, el disco es un festín de funk psicodélico, R&B futurista y pop-disco de alta factura, destacando himnos inmortales como 'The Tide Is High', 'Rapture' y la pista titular. El sonido es nítido, bailable y cargado de una energía contagiosa que recuerda a la era dorada del jazz reinterpretada desde una perspectiva crítica, moderna e irónica, creando una atmósfera de euforia festiva y profundidad rítmica que mostró a una banda en la plenitud de su poder para asombrar y hacer bailar al mismo tiempo a una generación sedienta de diversión auténtica y musicalidad superior.
Autoamerican fue un éxito rotundo que le valió a Blondie la aclamación universal como la estrella más versátil y brillante del panorama musical global. Su legado reside en haber roto las barreras entre el indie y la música de baile con una integridad artística única, dejando una huella de color y dinamismo que reafirmó su posición como una entidad artística en constante mutación, siempre dispuesta a explorar nuevos mundos sonoros con su propia y mágica brújula melódica que capturó el corazón de una era entera en medio de la gran manzana de la modernidad.