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Álbum de estudio

Ella Fitzgerald Sings the Irving Berlin Songbook

Ella Fitzgerald
📅 1958🎙 Grabado entre enero y marzo de 1958 en los Capitol Studios de Los Ángeles, en un momento en que Ella Fitzgerald, ya consagrada como la reina del jazz vocal, buscaba expandir su repertorio hacia el cancionero popular estadounidense con la precisión orquestal que solo Nelson Riddle podía brindarle.🎛 Norman Granz
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Para 1958, Ella Fitzgerald ya había demostrado su dominio absoluto sobre el jazz y el swing, pero fue Norman Granz, su manager y productor en Verve Records, quien vislumbró la necesidad de enmarcar su voz dentro de los grandes cancioneros estadounidenses. Así nació la serie Songbook, y el homenaje a Irving Berlin era inevitable: el compositor que definió el alma popular de Estados Unidos merecía el tratamiento más ambicioso. Las sesiones se realizaron en los míticos Capitol Studios de Hollywood, con una orquesta de cuerdas, metales y maderas dirigida por el maestro Nelson Riddle, quien ya había orquestado para Frank Sinatra y Nat King Cole. Ella llegaba con un repertorio de treinta y dos canciones, seleccionadas de los cientos que Berlin escribió para Broadway y Hollywood, y las grabó con una disciplina que rayaba en lo obsesivo, pero con la soltura de quien improvisa sobre melodías que conoce desde la infancia. Riddle, con su arreglos elegantes y cinematográficos, creó un lecho sonoro que permitía a Ella desplegar su rango vocal sin esfuerzo, desde susurros íntimos hasta estallidos de alegría rítmica. Fue un encuentro de titanes: la voz más versátil del siglo XX frente al compositor más prolífico de la música popular, todo registrado en cintas de alta fidelidad que capturaban cada matiz con claridad cristalina.

El sonido del álbum es una amalgama perfecta entre la sofisticación de la orquesta de salón y la calidez del jazz de cámara, con Ella navegando por melodías como 'Cheek to Cheek', 'Blue Skies' y 'Puttin' on the Ritz' con una autoridad que convierte cada canción en un estándar definitivo. Nelson Riddle evitó los excesos grandilocuentes: sus arreglos para cuerdas y vientos son contenidos, casi susurrantes, pero con destellos de trompetas y saxofones que recuerdan que esto es jazz, no música de ascensor. Canciones como 'How Deep Is the Ocean' muestran a Ella en su faceta más introspectiva, con frases largas y un vibrato controlado que parece flotar sobre el arpa, mientras que 'Alexander's Ragtime Band' estalla con un swing contagioso que invita a mover los pies. La colaboración con Riddle fue clave: él entendió que la voz de Ella no necesitaba competir con la orquesta, sino ser acariciada por ella, y por eso los metales nunca opacan su timbre, sino que lo envuelven como una brisa cálida. Lo que hace especial a este disco es la sensación de que cada canción fue vivida, no solo cantada: Ella interpreta a Berlin con la misma propiedad con que una actriz encarna un papel, pero sin perder nunca su humanidad, su capacidad de hacerte reír o llorar con un simple cambio de inflexión.

El impacto cultural de 'Ella Fitzgerald Sings the Irving Berlin Songbook' fue inmediato y profundo: no solo elevó el cancionero de Berlin al estatus de arte clásico, sino que estableció un modelo para todas las grabaciones de songbooks que le siguieron, desde Sinatra hasta Tony Bennett. En un momento en que el rock and roll empezaba a dominar las listas, este álbum demostró que la canción popular tradicional podía ser reinterpretada con una sofisticación que la mantenía viva y relevante. Para la comunidad afroamericana, Ella era un símbolo de excelencia y dignidad en una industria que aún lidiaba con el racismo, y su éxito con este disco abrió puertas a otros artistas negros en el mundo de la música orquestal y el pop adulto. Con el tiempo, el álbum se convirtió en un documento histórico de la relación entre la voz y la orquesta, y en una referencia obligada para cualquier estudiante de canto o arreglos musicales. Su legado perdura porque captura un momento único en que la industria discográfica apostó por la calidad artística por encima de la moda, y porque cada vez que alguien escucha 'Always' o 'Let's Face the Music and Dance', entiende por qué Ella Fitzgerald es, simplemente, la mejor.

Grabado enGrabado entre enero y marzo de 1958 en los Capitol Studios de Los Ángeles, en un momento en que Ella Fitzgerald, ya consagrada como la reina del jazz vocal, buscaba expandir su repertorio hacia el cancionero popular estadounidense con la precisión orquestal que solo Nelson Riddle podía brindarle.
ProducciónNorman Granz
SelloVerve Records