Este álbum fue grabado en 1982 y lanzado por Pablo Records, el sello fundado por Norman Granz, quien también produjo el disco. Marca una de las últimas grabaciones de estudio de Ella Fitzgerald, mostrando su madurez vocal y su capacidad para interpretar estándares del jazz y pop.
El título del álbum, 'The Best Is Yet to Come', refleja un optimismo característico, aunque Fitzgerald ya tenía más de 60 años. Incluye colaboraciones con músicos destacados como el pianista Tommy Flanagan y el guitarrista Joe Pass, quienes aportan un acompañamiento íntimo y sofisticado.
Aunque no fue uno de sus álbumes más comerciales, recibió críticas positivas por la calidez de la voz de Fitzgerald y la selección de canciones, que incluye clásicos como 'I've Got the World on a String' y la canción que da título al disco. Es considerado un testimonio de su perdurable talento.