Para 1967, Howlin' Wolf ya era una leyenda viva del blues, un gigante de voz granítica que había definido el sonido de Chicago junto a Muddy Waters y Little Walter. Este álbum, 'More Real Folk Blues', nació como una continuación de la serie 'Real Folk Blues' que Chess Records lanzó para capitalizar el resurgir del interés blanco por el blues, especialmente entre los jóvenes hippies y los devoradores de discos de la contracultura. Las sesiones se habían esparcido a lo largo de más de una década, desde las primeras grabaciones en el modesto estudio de la 2120 South Michigan Avenue hasta las últimas tomas producidas por el genio de Willie Dixon. Allí, Wolf llegaba con su armónica como un puñal y su voz como un trueno de Mississippi, acompañado por músicos de la talla de Hubert Sumlin, cuyos riffs eran pura electricidad, y el propio Dixon al bajo, tejiendo un tapiz de ritmos hipnóticos. Era un momento en que el blues, que había sido la banda sonora de la migración negra hacia el norte, comenzaba a cruzar fronteras raciales y generacionales, y este disco capturó esa transición con una crudeza que solo Wolf podía ofrecer.
El sonido de 'More Real Folk Blues' es un torbellino de guitarras afiladas y una voz que parece venir del fondo de un pozo de petróleo en llamas, donde cada nota suena a sudor y a ginebra barata. Canciones como 'Killin' Floor' y 'I Ain't Superstitious' se erigen como monumentos de un blues que no pide disculpas, con Wolf gruñendo y gimiendo mientras la guitarra de Sumlin corta el aire como un cuchillo oxidado. La colaboración con Willie Dixon, que escribió varios de estos temas y tocó el bajo, le da una cohesión rítmica que es a la vez primitiva y sofisticada, un balance entre el caos controlado y la precisión de un relojero ciego. Lo que hace especial a este disco es que no es una colección de éxitos pulidos, sino una selección de caras B y rarezas que muestran a Wolf en su estado más salvaje, sin la presión de tener que llenar estadios, solo interpretando blues para almas perdidas. La armónica de Wolf aúlla como un perro en una noche de tormenta, y su voz, esa voz que parece hecha de grava y whisky, se convierte en el ancla emocional de cada pista, llevando al oyente a un viaje por los campos de algodón y los callejones de Chicago.
El impacto cultural de 'More Real Folk Blues' se siente en cada acorde que los Rolling Stones, Led Zeppelin y los Yardbirds robaron descaradamente de estos surcos, convirtiendo el blues de Wolf en la semilla del rock duro y el heavy metal. Este disco importa porque documenta a un artista en la cúspide de su poder, justo antes de que el blues acústico de los festivales folk empezara a suavizar su imagen, y porque muestra que el blues eléctrico no era solo música de baile, sino una declaración de resistencia y humanidad. Para la historia de la música americana, este álbum es un eslabón perdido entre el Delta y el rock británico, un testimonio de cómo un hombre con una voz destrozada y una guitarra distorsionada podía cambiar el curso de la cultura popular. Aunque no fue un éxito comercial en su momento, su legado creció con los años, y hoy es considerado un tesoro para los coleccionistas y un manual de instrucciones para cualquier guitarrista que quiera aprender a sentir el blues en sus huesos. 'More Real Folk Blues' es, en esencia, la prueba de que Howlin' Wolf no solo cantaba blues: él era el blues, y este disco es su rugido más auténtico.