Para entender 'Try Me!', hay que situarse en el James Brown de 1958, un joven de 25 años que ya había probado el sabor del éxito con 'Please, Please, Please' pero que aún no era el Dios del Soul que todos recordamos. Tras firmar con King Records y mudarse a Cincinnati, Brown se encontró con un sello que le daba libertad creativa pero también lo presionaba para repetir la fórmula del hit. El álbum, su segundo LP, surgió de la necesidad de capitalizar la creciente popularidad de los Famous Flames, un grupo vocal que en los shows era una máquina de sudor y ritmo. Las sesiones de grabación se realizaron en los legendarios estudios de King, un lugar pequeño pero con una acústica cálida que capturaba la crudeza del sonido de Brown. Allí, junto a su banda —que incluía al guitarrista Nafloyd Scott y al saxofonista J.C. Davis—, Brown volcó una docena de canciones que mezclaban baladas desgarradoras con ritmos bailables, mostrando que su voz podía ser tanto un lamento como un grito de batalla. Fue un disco hecho a contrarreloj, con poco tiempo de estudio, pero con la urgencia de un hombre que sabía que el R&B estaba cambiando y él tenía que ser parte de ese cambio.
Musicalmente, 'Try Me!' es un puente entre el doo-wop de los 50 y el soul que explotaría en la década siguiente, y suena como una banda de garage que de repente encontró el espíritu. La canción que da título al álbum, 'Try Me', es una balada lenta donde la voz de Brown se quiebra en un falsete suplicante, respaldada por coros celestiales y un saxo que llora; se convirtió en su segundo gran éxito y definió su capacidad para convertir el dolor en belleza. Pero el disco no es solo eso: temas como 'I Want You So Bad' y 'I've Got to Change' tienen un ritmo más acelerado, con una sección rítmica que ya presagia el funk, ese groove seco que Brown perfeccionaría años después. Las colaboraciones con los Famous Flames son clave, pues sus armonías vocales aportan una textura gospel que contrasta con la aspereza de la voz principal. Lo que hace especial a este álbum es esa tensión entre la dulzura de las baladas y la energía casi primitiva de los cortes más rápidos, como si Brown estuviera peleando consigo mismo entre ser un crooner romántico o un showman incendiario. Además, la producción de Ralph Bass, aunque básica para los estándares actuales, capturó la inmediatez del sonido en vivo, con los instrumentos vibrando en el mismo espacio y la voz de Brown al frente, sin artificios.
El impacto cultural de 'Try Me!' no fue inmediato ni masivo, pero su importancia radica en que cimentó la fórmula que James Brown usaría para conquistar el mundo del R&B y sentar las bases del soul. En un momento en que la música negra estadounidense estaba dominada por el rock and roll de Chuck Berry y el doo-wop de grupos como The Drifters, Brown introdujo una vulnerabilidad masculina que rara vez se veía en el género, permitiendo que los hombres negros expresaran emociones sin perder su fuerza. Este álbum, junto con su predecesor 'Please Please Please', ayudó a definir el sonido del sello King Records, que se convirtió en un bastión del rhythm and blues crudo y auténtico frente a la pulcritud de Motown que llegaría después. 'Try Me!' también demostró que Brown podía ser un artista de álbumes, no solo de sencillos, y allanó el camino para obras maestras como 'Live at the Apollo' y 'Papa's Got a Brand New Bag'. Hoy, escuchar este disco es como abrir una cápsula del tiempo: se siente la inocencia y la ambición de un joven que aún no sabía que se convertiría en la figura más sampleada de la historia, pero que ya tenía el fuego en la garganta. Es, en definitiva, el testimonio de un artista encontrando su voz, y por eso sigue siendo una pieza esencial para entender cómo el soul se forjó en el barro del sur estadounidense.