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Álbum de estudio

Mass

Leonard Bernstein
📅 1971🎙 Grabado en el estudio A de CBS en la ciudad de Nueva York durante la primavera de 1971, mientras Bernstein se encontraba en su etapa más ecléctica y ambiciosa, fusionando la tradición clásica con el rock, el gospel y el teatro musical en un momento de profunda crisis espiritual en Estados Unidos.🎛 John McClure
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A principios de los años setenta, Leonard Bernstein era ya una leyenda viviente, pero también un hombre en crisis, atrapado entre su deseo de conectar con las nuevas generaciones y su formación académica. Mass fue encargada por la viuda del presidente John F. Kennedy para la inauguración del Kennedy Center en Washington, D.C., y Bernstein decidió convertirla en una obra monumental que mezclaba la liturgia católica con la sátira política y la energía del rock. Se rodeó de un equipo multidisciplinario: el compositor Stephen Schwartz, aún caliente por el éxito de Godspell, aportó las letras y el espíritu del musical; el director de escena Maurice Peress coordinó a una orquesta sinfónica, un coro de rock, un grupo de niños y un puñado de actores-cantantes que daban vida a una comunidad hippie. Las sesiones de grabación fueron intensas, con Bernstein dirigiendo desde el podio con una pasión casi religiosa, sudando la gota gorda mientras los músicos improvisaban sobre los pasajes más caóticos. El resultado fue un monstruo de formas libres que desafiaba cualquier etiqueta: ni ópera, ni musical, ni misa, sino un ritual sonoro para una América desgarrada por Vietnam y Watergate.

Sonoramente, Mass es una criatura híbrida y deslumbrante: arranca con un Kyrie de cuerdas etéreas que recuerda a la Pasión según San Mateo, pero de repente explota en un rock eléctrico distorsionado con guitarras fuzz y un órgano Hammond que bien podría haber salido de un disco de The Who. Canciones como I Go On, con su coro juvenil y su ritmo contagioso, o la desgarradora A Simple Song, interpretada por el tenor Alan Titus, muestran la habilidad de Bernstein para pasar de la ternura más íntima a la furia más descarnada en cuestión de segundos. Lo más impactante es la sección final, el Agnus Dei, donde el Celebrante —una especie de sacerdote rocanrolero— pierde la fe y destroza el altar en un ataque de ira que es puro teatro de la crueldad, acompañado por una orquesta que se vuelve cacofónica y un coro que grita en lenguas. Las colaboraciones son clave: Stephen Schwartz no solo escribió las letras, sino que también aportó armonías pop que contrastan con la densidad orquestal, y la participación del grupo de rock The Berkshire Boys dio un toque crudo y sudoroso que ningún académico podría haber imaginado. Lo que hace especial a Mass es su capacidad para ser a la vez una misa fallida y una obra maestra de la contradicción, donde lo sagrado y lo profano se abrazan hasta confundirse.

El impacto cultural de Mass fue inmediato y polarizante: la Iglesia católica la rechazó por irreverente, los críticos clásicos la tildaron de kitsch, pero el público joven la abrazó como un grito generacional en medio del desencanto de la posguerra. Con el tiempo, se ha revalorizado como una de las obras más audaces del siglo XX, un puente entre la alta cultura y la cultura popular que anticipó el musical rock de los ochenta y la ópera contemporánea. Su legado es doble: por un lado, demostró que Bernstein podía ser tan radical como cualquier vanguardista sin perder su voz melódica; por otro, dejó una pregunta incómoda sobre la posibilidad de la fe en un mundo secularizado. Hoy, Mass sigue sonando como un documento de su tiempo —con sus referencias a la guerra, la protesta y la búsqueda de sentido— pero también como una obra que trasciende su época, capaz de conmover a quien se atreva a escucharla sin prejuicios. Es, en definitiva, el álbum que Bernstein necesitaba hacer para reconciliar su genio con su humanidad, y por eso importa tanto en la historia de la música americana.

Grabado enGrabado en el estudio A de CBS en la ciudad de Nueva York durante la primavera de 1971, mientras Bernstein se encontraba en su etapa más ecléctica y ambiciosa, fusionando la tradición clásica con el rock, el gospel y el teatro musical en un momento de profunda crisis espiritual en Estados Unidos.
ProducciónJohn McClure
SelloColumbia Masterworks