Para 1970, Little Richard ya era una leyenda, pero también un alma errante que había pasado años alternando entre el rock and roll salvaje de los cincuenta y un fervor religioso que lo alejaba de los escenarios profanos. Tras su período gospel en los sesenta, decidió regresar al ruedo con un sonido que reflejara los nuevos tiempos, y para ello se instaló en los soleados estudios Criteria Sound de Miami, un santuario de grabación donde el calor húmedo parecía impregnar cada nota. Allí, rodeado de músicos de sesión de primer nivel, Richard se sumergió en un proyecto que pretendía fusionar su energía primal con los grooves funk y soul que dominaban la época. El disco fue concebido como una declaración de libertad: ya no era el predicador que pedía perdón por su música, sino el showman que volvía a celebrar el ritmo sin culpas. H.B. Barnum, un productor con experiencia en el soul de la Costa Oeste, tomó las riendas, guiando a Richard hacia un sonido más pulido pero igual de incendiario, capturando esa mezcla única de griterío gospel y sensualidad pagana que solo él sabía canalizar.
Musicalmente, 'The Rill Thing' es una bestia extraña y fascinante: un álbum que respira funk espeso, soul con cuernos y un rock and roll que ya miraba hacia el futuro, con Richard desgañitándose como si el diablo y Dios forcejearan por su garganta. La canción que da título al disco es un manifiesto de pura energía, con un riff contagioso que parece bailar sobre un colchón de guitarras wah-wah y metales jubilosos, mientras Richard proclama 'I'm the rill thing, baby' con una autoridad que no admite réplica. Temas como 'Freedom Blues' muestran su vena más política, con letras que hablan de lucha y esperanza, todo sobre un ritmo que te obliga a mover los hombros, y la versión de 'The Same Old Story' revela su capacidad para convertir cualquier canción en un sermón bailable. Colaboran músicos de la talla del baterista James Gadson y el bajista Wilton Felder, parte de la crema del funk de la época, y su presencia le da al álbum una solidez rítmica que sostiene los vuelos vocales de Richard. Lo que hace especial a este disco es que no es una mera nostalgia: es un artista legendario peleando por seguir siendo relevante, y lográndolo con una mezcla de descaro y maestría que pocos podrían igualar.
El impacto de 'The Rill Thing' no fue inmediato ni masivo, pero su legado ha crecido con los años como un testimonio de la capacidad de reinvención de un pionero que nunca encajó del todo en ninguna casilla. En un momento en que el rock se volvía progresivo y el soul se politizaba, Little Richard demostró que su esencia seguía siendo un puente entre lo sagrado y lo profano, entre el grito de iglesia y el gemido de la cama. Este álbum es crucial porque marca su transición definitiva a un artista de los setenta, abrazando el funk sin perder la chispa que lo hizo famoso, y allanando el camino para que otros rockeros veteranos encontraran un nuevo lenguaje sonoro. Además, canciones como 'Dew Drop Inn' y 'Spreadin' Natta, What's the Matter?' son pequeñas joyas que anticipan el sonido de bandas como The Rolling Stones o incluso el glam rock que estaba por venir. Para los entendidos, 'The Rill Thing' es el disco donde Richard se reconcilia con su propia historia, dejando claro que el 'rey del rock and roll' aún tenía mucho que rugir, y que su música, lejos de ser un eco del pasado, seguía siendo una fuerza viva y vibrante.