Street Hassle es uno de los álbumes más ambiciosos y subestimados de Lou Reed. Grabado en parte con técnicas biorales —micrófonos colocados en los oídos del ingeniero para capturar el sonido en 360 grados— el disco mezcla rock, blues y poesía en una exploración de la marginalidad urbana neoyorquina de los años 70.
La canción que da título al álbum es la obra maestra: once minutos divididos en tres movimientos que narran el descenso de una sobredosis, un encuentro callejero y una meditación final sobre el dolor y la redención. Bruce Springsteen aparece en un breve interludio hablado, y la pieza completa es un ejercicio de narrativa musical de una potencia raramente vista en el rock.
Street Hassle recibió críticas entusiastas pero ventas modestas. Sin embargo, el tiempo ha confirmado su estatura: es el álbum donde Reed demostró que podía crear obras de verdadera magnitud conceptual sin los grandes presupuestos de producción de Berlin. Un documento fundamental de la vanguardia neoyorquina.