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Álbum de estudio

Laurel Hell

Mitski
📅 2022🎙 Grabado principalmente en el estudio casero de Mitski en Nashville, Tennessee, durante el confinamiento por la pandemia de COVID-19 en 2020 y 2021, en un período de profunda introspección y reclusión voluntaria tras la gira de su aclamado álbum anterior.🎛 Mitski y Patrick Hyland
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Tras el éxito arrollador de 'Be the Cowboy' y una gira mundial que la llevó al borde del agotamiento, Mitski anunció en 2019 una pausa indefinida de la música, un retiro necesario para preservar su salud mental y reencontrarse con su humanidad lejos de los reflectores. Sin embargo, el estallido de la pandemia global y el silencio obligado del mundo la encontraron en Nashville, donde comenzó a construir estas canciones en la soledad de su hogar, sin la presión de un estudio comercial ni los plazos de una gira. Este álbum nació de la necesidad de procesar el duelo por su carrera anterior y la incertidumbre de un futuro incierto, con Mitski asumiendo el control total de la producción junto a su colaborador de confianza Patrick Hyland, quien trabajó a distancia. Las sesiones se caracterizaron por un método casi artesanal: Mitski grababa demos en su sala de estar, experimentando con sintetizadores y cajas de ritmos que evocaban los ochenta, mientras Hyland pulía el sonido desde su estudio en Nueva York. El resultado es un disco que, lejos de ser una celebración, es un lamento contenido y elegante, un diario de una artista que decide renacer desde las cenizas de su propio mito.

Musicalmente, 'Laurel Hell' es un giro audaz hacia el synth-pop y el new wave, dejando atrás la intimidad del indie rock de sus trabajos previos para sumergirse en paisajes sonoros fríos, electrónicos y bailables que contrastan brutalmente con la crudeza emocional de sus letras. Canciones como 'Working for the Knife' se erigen como himnos de la alienación laboral y artística, con un bajo pulsante que imita el latido de un corazón atrapado en la rutina, mientras que 'The Only Heartbreaker' despliega un estribillo pop perfecto que oculta una confesión de autosabotaje. La producción, meticulosa y limpia, rinde homenaje a los sonidos de los años 80 sin caer en la nostalgia vacía, utilizando sintetizadores analógicos y percusiones programadas que evocan tanto a Kate Bush como a Pet Shop Boys, pero filtrados por la sensibilidad única de Mitski. Colaboraciones destacadas no hay en el sentido tradicional, pues es un trabajo eminentemente solitario, pero la influencia de Hyland es crucial para lograr ese equilibrio entre lo orgánico y lo mecánico, donde una guitarra acústica puede irrumpir de repente en medio de una tormenta de teclados. Lo que hace especial a este disco es su capacidad para ser un álbum de baile sobre la tristeza más absoluta, un oxímoron sonoro donde cada beat es un paso hacia el precipicio y cada sintetizador, un abrazo gélido.

El impacto cultural de 'Laurel Hell' fue inmediato y profundo, consolidando a Mitski como una de las voces más importantes de su generación al demostrar que podía reinventarse sin perder su esencia, justo cuando muchos la daban por retirada. El álbum debutó en el top 10 del Billboard 200, un logro inmenso para una artista independiente que siempre ha navegado al margen del mainstream, y sus canciones se convirtieron en himnos no oficiales para una juventud que lidia con la precariedad emocional y económica del siglo XXI. En la historia de la música americana, 'Laurel Hell' representa un punto de inflexión en el que el indie rock abraza completamente la electrónica sin traicionar su alma confesional, abriendo camino para que otras artistas exploren terrenos similares. Pero más allá de los números, su legado reside en la valentía de Mitski de ponerle banda sonora al agotamiento, a la necesidad de desaparecer y a la dificultad de volver a ser una misma después de haber sido devorada por la industria. Este disco no es solo un puñado de canciones; es el testimonio de una artista que eligió la vida sobre la obra, y que, en ese acto de resistencia, creó su obra más honesta y, paradójicamente, su más bailable y luminosa.

Grabado enGrabado principalmente en el estudio casero de Mitski en Nashville, Tennessee, durante el confinamiento por la pandemia de COVID-19 en 2020 y 2021, en un período de profunda introspección y reclusión voluntaria tras la gira de su aclamado álbum anterior.
ProducciónMitski y Patrick Hyland
SelloDead Oceans