Para 1970, Neil Diamond ya era una figura consolidada en el panorama pop estadounidense, con éxitos como 'Sweet Caroline' y 'Cracklin' Rosie' que lo habían establecido como un compositor melódico de primer orden, pero el artista sentía una creciente inquietud creativa que lo empujaba a romper con las fórmulas seguras de la canción de tres minutos. Fue entonces cuando, inspirado por un viaje a África y fascinado por la riqueza rítmica y espiritual de las músicas tradicionales del continente, Diamond concibió la idea de un álbum conceptual que entrelazara su pop característico con texturas exóticas y una narrativa casi cinematográfica. Las sesiones se llevaron a cabo en Los Ángeles, con el respaldo de músicos de sesión de primer nivel como el bajista Tommy Cogbill, quien también asumió labores de producción, y el guitarrista Reggie Young, ambos provenientes de la escena soul de Memphis, lo que le otorgó al disco una base rítmica sólida y terrenal. El ambiente en el estudio era de exploración constante, con Diamond guiando a los instrumentistas a través de arreglos inusuales que incluían percusiones africanas, cuerdas exuberantes y coros que evocaban tanto a góspel como a cantos tribales. El resultado fue un álbum doble en espíritu, donde la cara A contenía canciones pop convencionales pero con un barniz experimental, mientras que la cara B estaba dedicada por completo a la suite 'The African Trilogy', una obra de casi veinte minutos que narraba un viaje iniciático por el continente africano.
Musicalmente, 'Tap Root Manuscript' es un artefacto fascinante que se balancea entre la sofisticación del pop orquestal y la crudeza de las músicas del mundo, con arreglos que van desde el intimismo acústico de 'Cracklin' Rosie' —aunque esa canción apareció en un sencillo previo, su inclusión aquí la resignifica— hasta la épica casi cinematográfica de la trilogía africana, donde Diamond se atreve a incorporar yembés, kalimbas y coros en lenguas imaginarias. Canciones como 'He Ain't Heavy... He's My Brother' muestran su talento para la balada grandilocuente, pero es en 'The African Trilogy' donde el álbum alcanza su punto más arriesgado: una pieza dividida en tres movimientos —'Childsong', 'I Am the Lion' y 'The Sun Is Dancing'— que combina poesía lírica con percusiones hipnóticas y cambios de tempo que recuerdan tanto a los musicales de Broadway como a las suites progresivas de la época. La colaboración con el arreglista Lee Holdridge fue clave para darle cohesión a esta mezcla de influencias, logrando que los vientos y las cuerdas dialogaran con instrumentos étnicos sin que el resultado sonara a apropiación superficial. Aunque algunos críticos señalaron cierta ingenuidad en la aproximación de Diamond a las culturas africanas, la audacia de la propuesta y la entrega emocional del cantante lograron que el disco sonara sincero, con una calidez que solo un artista en plena confianza creativa podía transmitir.
El impacto de 'Tap Root Manuscript' fue complejo y un tanto silencioso en su momento, pues si bien alcanzó el puesto número 13 en las listas de Billboard y produjo hits como 'Cracklin' Rosie', que llegó al número uno, la crítica recibió la faceta conceptual del álbum con cierta perplejidad, sin saber muy bien cómo clasificar esa mezcla de pop comercial y world music avant la lettre. Sin embargo, con el paso de los años, el disco ha sido reivindicado como uno de los primeros intentos serios de un artista pop estadounidense por integrar influencias globales sin caer en el mero exotismo, anticipando movimientos como el afro-pop de Paul Simon en 'Graceland' y la world music de los años ochenta. Además, la suite africana de Diamond representa un gesto de ambición narrativa poco común en su carrera, demostrando que el cantante de baladas empalagosas también era capaz de concebir obras de largo aliento con una visión casi cinematográfica. Hoy, 'Tap Root Manuscript' se estudia como un documento de su época, un puente entre el pop de los sesenta y las exploraciones multiculturales que definirían las décadas siguientes, y aunque no figure en todas las listas de discos esenciales, su legado perdura entre los seguidores más acérrimos de Diamond y entre los melómanos que valoran la valentía artística por encima de la corrección estilística.