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Álbum de estudio

Peace Trail

Neil Young
📅 2016🎙 Grabado en 2016 en los estudios Shangri-La de Malibú, California, con la producción de John Hanlon y Neil Young, en un momento de intensa agitación política y personal para el músico, quien canalizó su furia contra la administración Trump y su preocupación por el medio ambiente en un disco crudo y minimalista.🎛 Neil Young y John Hanlon
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Para entender 'Peace Trail', hay que situarse en el otoño de 2016, cuando Neil Young, ya sexagenario y con una carrera de más de cinco décadas, se encontraba en un estado de ebullición creativa y rabia contenida. Tras el lanzamiento de 'Earth' y su gira con Promise of the Real, el músico canadiense decidió volver a lo esencial, encerrándose en los estudios Shangri-La de Malibú con su productor de confianza John Hanlon, pero sin banda ni grandes arreglos. La sesión fue casi un exorcismo: en apenas unos días, Young escribió y grabó diez canciones que reflejaban su descontento con el clima político de Estados Unidos, la crisis de los oleoductos, el racismo sistémico y la desesperanza ambiental, todo filtrado a través de su lente personal de viejo guerrero folk. No hubo overdubs ni pulidos innecesarios; la cinta corrió en vivo, con Young tocando guitarra acústica, armónica y, ocasionalmente, su vieja Gibson eléctrica, mientras un par de músicos de sesión —el bajista Chris Scruggs y el baterista Karl Himmel— seguían sus impulsos. El resultado es un disco que suena a conversación privada, a diario de ruta improvisado en medio de la tormenta, donde cada rasguño de cuerda y cada gemido de voz tienen el peso de un testimonio urgente.

Musicalmente, 'Peace Trail' es un ejercicio de minimalismo despojado que se asienta sobre una base de folk-rock áspero, pero con la textura terrosa que Young había explorado en discos como 'Le Noise' o 'Greendale'. Las canciones, como la homónima 'Peace Trail', que abre el álbum con un riff cadencioso y una letra que clama por reconciliación, o 'Indian Givers', que denuncia el despojo de tierras nativas, están construidas sobre estructuras simples pero hipnóticas, donde la voz de Young —esa mezcla de falsete quebrado y gruñido— se convierte en el instrumento principal. La armónica, siempre presente, no es un adorno sino un lamento; en temas como 'Show Me' o 'Texas Rangers', se siente la sombra de Bob Dylan y de los discos más solitarios del propio Young, como 'On the Beach'. Lo que hace especial a este álbum es su vulnerabilidad: no hay guitarras distorsionadas para esconder la fragilidad, solo un hombre de 71 años que canta sobre el fracaso de la democracia con la misma honestidad con la que en los setenta cantaba sobre el amor perdido. Las colaboraciones son mínimas pero efectivas, con Scruggs aportando un bajo que a veces suena a contrabajo y Himmel marcando un pulso casi tribal, como si el ritmo viniera de la tierra misma.

El impacto de 'Peace Trail' no fue inmediato ni masivo, pero su lugar en la historia de la música es el de un documento de resistencia artística en tiempos de polarización. En un año donde el pop dominaba las listas con producciones brillantes y escapistas, Young se atrevió a lanzar un disco incómodo, que no buscaba agradar sino incomodar, recordando que el folk y el rock pueden ser armas políticas tan afiladas como cualquier discurso. El álbum fue recibido con críticas mixtas —algunos lo tacharon de simplista o de sermón— pero con el tiempo ha ganado estatura como una obra que captura el espíritu de una era de transición, donde la música de protesta parecía haber perdido su lugar. Para los seguidores de Young, 'Peace Trail' es un eslabón en su cadena de discos 'menores' que, sin embargo, contienen algunas de sus canciones más directas, como 'My Pledge', donde declara su amor por la tierra en medio del caos. Hoy, en retrospectiva, este álbum se lee como una advertencia profética, un grito en el desierto que, aunque no cambió el curso de la historia, documentó la ansiedad de una generación que veía tambalearse sus certezas, y reafirmó a Neil Young como el cronista incansable de los sueños rotos de América.

Grabado enGrabado en 2016 en los estudios Shangri-La de Malibú, California, con la producción de John Hanlon y Neil Young, en un momento de intensa agitación política y personal para el músico, quien canalizó su furia contra la administración Trump y su preocupación por el medio ambiente en un disco crudo y minimalista.
ProducciónNeil Young y John Hanlon
SelloReprise Records