Pixies era, en 1987, una banda de recién llegados que se había formado apenas un año antes en el sótano de una casa en Boston, cuando Black Francis y Joey Santiago, dos amigos de la Universidad de Massachusetts, decidieron responder a un anuncio de la bajista Kim Deal, quien a su vez trajo a su hermana gemela, la baterista Kelly Deal, completando así la formación original. El grupo había grabado una demo de dieciocho canciones en los estudios Fort Apache con el productor Gary Smith, un joven ingeniero que trabajaba con violín y cello para dar texturas extrañas a las grabaciones. Esa demo, financiada con apenas 1,000 dólares, llamó la atención del sello británico 4AD, cuyo dueño, Ivo Watts-Russell, quedó fascinado por la energía caótica y las letras surrealistas de Black Francis, y decidió lanzar las ocho mejores canciones como un EP que se convertiría en el debut de la banda. El título "Come On Pilgrim" fue tomado de una línea de la canción "Levitate Me", que a su vez hacía referencia a una frase de una novela de ciencia ficción que Black Francis había leído, y todo el disco respiraba una mezcla de urgencia juvenil y deseo de romper con las convenciones del rock de la época. En esas sesiones, la banda apenas tenía experiencia en estudio, pero la química entre los cuatro miembros era tan inmediata que lograron capturar una espontaneidad que definiría su sonido para siempre, con Gary Smith aportando arreglos de cello y violín que daban un aire casi gótico a canciones como "The Holiday Song" y "Here Comes Your Man".
El sonido de "Come On Pilgrim" es un torrente de guitarras distorsionadas, cambios de dinámica abruptos y una voz que alterna entre susurros y gritos desgarradores, estableciendo lo que luego se conocería como el modelo del soft-loud-soft que influiría a todo el grunge y el rock alternativo de los noventa. Canciones como "Caribou" combinan un riff de guitarra hipnótico con letras que hablan de sexo, religión y violencia, mientras que "Nimrod's Son" explora temas bíblicos con un humor negro que ya era sello de Black Francis. La producción de Gary Smith es minimalista pero efectiva, dejando que la batería de Kelly Deal golpee con fuerza seca y que el bajo de Kim Deal se enrede con las guitarras en un caos controlado, mientras que el cello de "The Holiday Song" añade una capa de melancolía que contrasta con la agresividad general. Lo que hace especial a este EP es que, en apenas veinticinco minutos, Pixies logra condensar una propuesta que no se parecía a nada de lo que se hacía en ese momento: ni el pop de sintetizadores de los ochenta, ni el hardcore straight edge, ni el rock universitario de R.E.M., sino algo más salvaje, más literario y más impredecible. La colaboración entre los miembros era casi telepática, con Kim Deal aportando armonías vocales que suavizaban la aspereza de Francis, y Joey Santiago creando paisajes de guitarra que iban del ruido blanco a melodías casi surf rock, todo en un mismo tema.
El impacto de "Come On Pilgrim" fue inmediato en el underground, pero su verdadero legado se consolidó con el tiempo, convirtiéndose en la semilla de un sonido que definiría el rock alternativo de los años siguientes, especialmente cuando Kurt Cobain confesó que Pixies era su mayor influencia para escribir "Smells Like Teen Spirit". Este EP no solo presentó al mundo una banda que rompía con las estructuras tradicionales del rock, sino que también demostró que se podía ser experimental y accesible al mismo tiempo, con canciones que duraban apenas dos minutos pero dejaban una huella imborrable. Su importancia en la historia de la música radica en que fue el primer paso de una banda que, junto con otros contemporáneos como Sonic Youth y Dinosaur Jr., redefinió lo que significaba ser una banda de rock en la era post-punk, abriendo la puerta a una generación de artistas que priorizaban la emoción cruda sobre la perfección técnica. Además, "Come On Pilgrim" estableció el sello 4AD como un referente del rock alternativo en Estados Unidos, y su portada, una fotografía borrosa de una figura solitaria en un paisaje desolado, se convirtió en un ícono visual de la estética del indie de los ochenta. Hoy, este disco se escucha como un documento fundacional, un grito de guerra de cuatro jóvenes que, sin saberlo, estaban cambiando la música para siempre, y sigue siendo una referencia obligada para entender por qué el rock puede ser a la vez brutal, poético y profundamente humano.