Porter Robinson llegó a 'Nurture' después de un viaje tortuoso por el vacío creativo y la depresión. Tras el éxito arrollador de 'Worlds' en 2014 y las giras interminables, el productor de Carolina del Norte se encontró en un callejón sin salida, incapaz de escribir música que lo satisficiera. Durante casi seis años, entre 2014 y 2020, se encerró en su estudio casero en Chapel Hill, lidiando con la presión de superar su propio legado mientras procesaba la muerte de su abuela y la fragilidad de la vida. El disco nació de la necesidad de reconstruirse desde los escombros, de encontrar belleza en lo frágil y celebrar la existencia cotidiana. Robinson grabó casi todo él solo, tocando teclados, programando sintetizadores y cantando con una vulnerabilidad inédita, aunque también colaboró de forma remota con el ingeniero y mezclador Alex Somers, conocido por su trabajo con Sigur Rós, para darle texturas etéreas a las capas sonoras. El resultado es un diario íntimo de sanación, donde cada canción se siente como un susurro de alivio después de la tormenta.
Musicalmente, 'Nurture' es un giro radical hacia el pop electrónico orgánico, lejos del complejo maximalismo del EDM y el synthwave de su predecesor. Robinson reemplazó los sintetizadores agresivos con pianos acariciantes, cuerdas cálidas y samples de voces distorsionadas que parecen flotar como recuerdos borrosos. Canciones como 'Look at the Sky' y 'Something Comforting' son himnos de resiliencia que combinan melodías infantiles con una producción cristalina, mientras que 'Get Your Wish' abre el disco con un piano minimalista que se convierte en una explosión controlada de esperanza. La colaboración más notable es con la banda japonesa Wednesday Campanella en 'Wind Tempos', aunque Robinson canta él mismo en la mayoría de los temas, con un falsete frágil y sincero que abraza la imperfección. Lo que hace especial a este álbum es su honestidad brutal: no hay artificios ni búsqueda de hits, solo un artista que convierte el dolor en una celebración de la vida, usando sonidos de la naturaleza, grabaciones de campo y coros que suenan a himnos de campamento. La producción es orgánica pero meticulosa, con capas que se revelan en cada escucha, desde el ruido de un arroyo hasta el crujido de una grabadora antigua.
El impacto cultural de 'Nurture' fue inmediato y profundo, redefiniendo lo que podía ser la música electrónica en la era post-EDM. Publicado en plena pandemia de COVID-19, el álbum se convirtió en un bálsamo colectivo para una generación que buscaba consuelo, con su mensaje de esperanza y aceptación de la vulnerabilidad resonando en millones de oyentes. La crítica lo aclamó como un regreso triunfal, y Pitchfork le otorgó el premio a Mejor Álbum Nuevo, destacando su capacidad para transformar la debilidad en fortaleza. Pero más allá de las listas, 'Nurture' dejó un legado en la forma en que los artistas electrónicos abordan la autenticidad: Robinson demostró que se podía ser masivo sin sacrificar la intimidad, inspirando a una nueva ola de productores a explorar el pop experimental con corazón. El álbum también revitalizó el interés por el sonido 'hyperpop' pero desde una perspectiva más orgánica, y sus canciones han sido versionadas y sampleadas en todo el mundo. En la historia de la música americana, 'Nurture' es un testimonio de que la fragilidad puede ser una fuerza, un recordatorio de que incluso en los momentos más oscuros, hay una canción que nos invita a seguir mirando al cielo.