Para 2009, Reel Big Fish ya no era la banda noventosa que había explotado con 'Sell Out' y 'Beer', sino un grupo curtido por años de giras interminables, cambios de sello y una madurez agridulce que se colaba entre sus bromas y sarcasmo. Tras el fracaso comercial de 'We're Not Happy 'Til You're Not Happy' (2005) y un disco en vivo, la banda decidió tomar las riendas de su carrera con un álbum autofinanciado y distribuido por el sello independiente Rock Ridge Music. El título mismo, 'Fame, Fortune and Fornication', era una declaración de principios: una burla a las promesas vacías de la industria musical y una aceptación de su propio lugar como forasteros queridos. La grabación se realizó en un ambiente relajado, sin la presión de un gran presupuesto, en Los Ángeles con John Feldmann —productor que había trabajado con Goldfinger y The Used— y en sesiones caseras con el propio Klopfenstein, lo que permitió una libertad creativa que no tenían desde sus inicios. El disco respira la urgencia de una banda que ha sobrevivido a la fama efímera y ahora solo quiere divertirse, aunque sea a costa de reírse de sí mismos y de todo lo que los rodea.
Musicalmente, 'Fame, Fortune and Fornication' es un regreso triunfal a las raíces ska-punk de Reel Big Fish, con una producción que suena viva y vibrante, sin los excesos pulidos de sus trabajos anteriores. Canciones como 'Everybody's Drunk' son himnos inmediatos de fiesta, con metales brillantes y coros pegajosos que invitan al caos colectivo, mientras que 'Punisher' despliega una furia punk que recuerda a sus primeros demos, con riffs de guitarra afilados y una sección rítmica implacable. El disco incluye una versión sorprendente de 'Holiday' de The Bee Gees, transformada en un ska frenético que demuestra su habilidad para reimaginar cualquier cosa con humor y energía. La colaboración con el trompetista y vocalista Scott Klopfenstein es clave, ya que su estilo despreocupado y su voz nasal le dan a temas como 'Slow Down' un aire nostálgico y melancólico que contrasta con el caos general. Lo que hace especial a este álbum es su honestidad: no intenta ser un disco conceptual ni una obra maestra, sino un testimonio de una banda que sabe exactamente lo que es y no pide disculpas por ello, combinando la energía de un show en vivo con la crudeza de un estudio casero.
El impacto de 'Fame, Fortune and Fornication' en la escena ska-punk de finales de los 2000 fue significativo, aunque no explosivo, porque llegó en un momento en que el género ya no dominaba las listas, pero sí mantenía una base de seguidores leales que valoraban la autenticidad por encima de la producción masiva. Este disco se convirtió en un emblema de resistencia para las bandas que, como Reel Big Fish, habían sido etiquetadas como 'one-hit wonders' y demostraron que podían seguir creando música relevante sin concesiones comerciales. Su legado reside en cómo capturó el espíritu de una generación que creció con el ska de los 90 y ahora enfrentaba la realidad adulta, pero se negaba a perder el sentido del humor; temas como 'Don't Let Me Down' y 'Another Day in Paradise' son pequeñas joyas que hablan de desamor y frustración con una sonrisa irónica. Además, el álbum consolidó la reputación de la banda como una de las mejores en vivo de su época, ya que muchas de sus canciones se convirtieron en pilares de sus conciertos, donde la energía se desbordaba en pogos y bailes. En la historia de la música americana, este disco importa porque demuestra que el ska-punk no murió con el cambio de milenio, sino que encontró en la independencia y la autoironía una forma de sobrevivir y, en el caso de Reel Big Fish, de seguir siendo relevante para quienes buscan alegría en el caos.