A principios de 1990, REO Speedwagon ya no era el gigante de estadios que había llenado arenas con 'Hi Infidelity' una década antes, y la banda sentía el peso de una industria musical que cambiaba hacia el grunge y el pop sintético, así que Kevin Cronin, el carismático vocalista y principal compositor, decidió que era hora de hacer algo radicalmente diferente, casi como un acto de sabotaje artístico, y así nació 'The Earth, a Small Man, His Dog and a Chicken', un título que él mismo describió como un chiste interno sobre la absurdidad de la vida, y que desconcertó tanto a los ejecutivos de Epic Records como a los fanáticos más leales, quienes no sabían si reírse o sentirse traicionados; la grabación se realizó en sesiones intensas y caóticas, con la banda alternando entre el brillo californiano de Ocean Way y la calma rural de Nashville, donde Cronin y el baterista Alan Gratzer se encerraron con ingenieros de sonido para experimentar con capas de guitarras acústicas, teclados atmosféricos y armonías vocales que sonaban más a un grupo de folk psicodélico que a la máquina de hits de 'Ridin' the Storm Out', y durante esos meses, la tensión interna era palpable porque algunos miembros, como el guitarrista Gary Richrath, preferían el rock directo y se sentían incómodos con la dirección experimental que Cronin impulsaba, lo que creó un ambiente de estudio cargado de discusiones creativas y momentos de brillantez inesperada.
Musicalmente, el álbum es un artefacto extraño y fascinante que combina baladas de piano con guitarras distorsionadas, coros etéreos que parecen sacados de un sueño, y letras que oscilan entre la filosofía barata y la poesía doméstica, con canciones como 'Live It Up' que intentan recuperar la energía de los viejos tiempos pero con un barniz de producción más limpio, mientras que 'I'll Be Your Angel' suena a una balada de los setenta filtrada por un filtro de los noventa, y la pista que da título al álbum, una pieza instrumental de casi siete minutos con sonidos de naturaleza y diálogos sampleados, es tan pretenciosa como conmovedora, como si la banda quisiera demostrar que podía ser tan rara como cualquier grupo alternativo; las colaboraciones incluyen al tecladista Jesse Harms, quien aportó texturas synth-pop que chocaban con el roots rock de Richrath, y a la cantante de sesión Donna Davidson, cuyos coros en temas como 'Half Way Home' le dan un aire casi gótico sureño, y lo que hace especial a este disco es su absoluta falta de miedo al ridículo, su honestidad torpe y esa sensación de que seis músicos, en el ocaso de su fama, decidieron olvidarse del éxito y simplemente jugar con sonidos, como niños en un estudio de grabación, con resultados que van de lo sublime a lo ridículo pero siempre con una integridad artística que pocos discos de grandes bandas tienen.
El impacto cultural de 'The Earth, a Small Man, His Dog and a Chicken' fue casi nulo en su momento, vendiendo apenas unas decenas de miles de copias y siendo ignorado por la crítica mainstream, que lo consideró un capricho de una banda pasada de moda, pero con el tiempo se ha convertido en un objeto de culto para los coleccionistas y los amantes del rock excéntrico, porque representa el momento en que REO Speedwagon, en lugar de repetir la fórmula que los había hecho millonarios, eligió la autodestrucción creativa como un acto de resistencia contra la homogenización del rock corporativo de los ochenta; su legado es el de un álbum que envejece mejor de lo que merece, porque cada escucha revela nuevos detalles, pequeñas joyas de producción, cambios de ritmo inesperados, y una vulnerabilidad que las bandas de estadios rara vez muestran, y hoy, en la era del streaming, cuando cualquier rareza puede ser redescubierta, este disco se sostiene como un testimonio de que el verdadero arte no siempre busca agradar, sino que a veces necesita incomodar, sorprender y, sobre todo, ser auténtico, y por eso importa en la historia de la música americana: porque demuestra que incluso en el momento más bajo de una carrera, cuando todos esperan una repetición de viejos éxitos, un grupo puede arriesgarlo todo por una idea absurda y, al hacerlo, dejar una huella más profunda que cualquier hit radial.