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Álbum de estudio

Nobody Else But Me

Stan Getz
📅 1964🎙 Grabado en los estudios A&R de Nueva York en 1964, en un momento en que Stan Getz dominaba las listas con la bossa nova, pero decidió regresar a sus raíces en el jazz mainstream con un cuarteto acústico.🎛 George Avakian
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En 1964, Stan Getz era el rey indiscutible de la bossa nova, gracias al éxito arrollador de 'Getz/Gilberto' y el himno 'The Girl from Ipanema', que lo habían catapultado a una fama mundial que pocos saxofonistas de jazz habían conocido. Sin embargo, lejos de conformarse con la fórmula que lo había encumbrado, Getz sintió la necesidad de regresar a sus orígenes, al jazz puro y duro de sus años con Woody Herman y su propio cuarteto de los cincuenta. Así nació 'Nobody Else But Me', un álbum grabado en los estudios A&R de Nueva York con un cuarteto de ensueño: el pianista Tommy Flanagan, el bajista Tommy Williams y el baterista Roy Haynes. La sesión fue una de esas raras ocasiones en que la magia ocurre sin ensayos excesivos, con Getz llegando al estudio con arreglos rápidos y una banda que lo entendía a la perfección. El resultado fue un disco que capturaba la esencia más íntima de su sonido, alejado de los arreglos orquestales y las producciones pulidas, mostrando al Stan Getz más vulnerable y sincero.

El sonido de 'Nobody Else But Me' es puro jazz de cámara: la calidez aterciopelada del saxo tenor de Getz se despliega con una claridad y profundidad que solo es posible cuando los músicos se escuchan y respiran juntos. Temas como 'Little Girl Blue' y 'Misty' son reinterpretados con una melancolía que desgarra el alma, mientras que 'The Night Has a Thousand Eyes' y el tema titular 'Nobody Else But Me' muestran un swing relajado pero implacable, como un río que fluye sin esfuerzo. La colaboración con Tommy Flanagan es particularmente destacable: sus solos de piano son como conversaciones en voz baja con el saxo, tejiendo una textura de complicidad que recuerda a las grandes duplas del jazz. Lo que hace especial a este álbum es la ausencia total de artificio: no hay trucos de estudio ni concesiones comerciales, solo cuatro músicos en su momento más inspirado, explorando standards con una libertad y una emoción que pocas veces se ha capturado en cinta.

Aunque 'Nobody Else But Me' no tuvo el impacto comercial de los discos de bossa nova de Getz, su legado es inmenso entre los conocedores y los músicos, que lo consideran una de las cumbres de su carrera. En un momento en que el jazz se fragmentaba entre el free jazz de Coltrane y el cool de Brubeck, Getz demostró que la tradición podía ser revolucionaria si se tocaba con suficiente alma y honestidad. Este álbum es un testimonio de su versatilidad y su genio: podía ser el embajador de la bossa nova para el mundo y al mismo tiempo el guardián de las brasas del jazz más puro. Para la historia de la música, este disco importa porque encapsula la paradoja de un artista que, en la cima de la fama, eligió la intimidad de un cuarteto acústico sobre los reflectores. Es una lección de integridad artística, un recordatorio de que el verdadero jazz no necesita adornos, y una joya que sigue brillando con la misma intensidad que cuando salió del estudio hace más de sesenta años.

Grabado enGrabado en los estudios A&R de Nueva York en 1964, en un momento en que Stan Getz dominaba las listas con la bossa nova, pero decidió regresar a sus raíces en el jazz mainstream con un cuarteto acústico.
ProducciónGeorge Avakian
SelloVerve Records