Para cuando The Strokes se encerraron a trabajar en 'Angles', la banda ya no era aquella manada de veinteañeros que había irrumpido con furia en el rock del nuevo milenio; la presión del éxito, las giras interminables y las adicciones habían dejado cicatrices visibles, y la relación entre sus miembros se había vuelto frágil, casi hostil. El disco nació de una necesidad casi desesperada por reconciliarse, pero también de un empuje creativo que llevó a cada músico a experimentar por su cuenta antes de juntar las piezas en el estudio. Las sesiones se extendieron a lo largo de más de un año, con Julian Casablancas grabando sus voces por separado en Los Ángeles mientras el resto de la banda trabajaba en Nueva York, una distancia física que reflejaba la emocional. La producción estuvo a cargo de Joe Chiccarelli, un veterano que había trabajado con artistas como The Shins y Beck, y que supo mediar entre las visiones enfrentadas de los integrantes para darle cohesión al sonido. A pesar de las peleas y los egos, de las grabaciones a destajo y los mensajes de texto como método de comunicación, el álbum logró capturar una especie de milagro: el sonido de una banda que, aunque rota, aún podía brillar junta.
Musicalmente, 'Angles' es un salto al vacío: abandonan la urgencia garage de sus primeros discos para abrazar un pop sintético, lleno de guitarras afiladas pero también de sintetizadores y ritmos bailables que recuerdan a la new wave de los ochenta. Canciones como 'Under Cover of Darkness' son un puñetazo melódico que evoca lo mejor de su catálogo, con riffs que se enredan y se sueltan con una precisión casi matemática, mientras que 'Machu Picchu' abre el disco con un groove hipnótico y una guitarra funky que parece sacada de una noche en Lima. La colaboración entre los guitarristas Albert Hammond Jr. y Nick Valensi alcanza aquí una tensión creativa fascinante, con líneas que se persiguen y se chocan, creando un tapiz sonoro que es a la vez caótico y perfectamente calibrado. Temas como 'Taken for a Fool' muestran a un Julian Casablancas más vulnerable, cantando sobre la paranoia y la fama con una voz quebrada pero firme, mientras que 'Life Is Simple in the Moonlight' cierra el álbum con una balada etérea que parece flotar sobre un colchón de teclados y guitarras limpias. El uso de efectos, delays y capas vocales le da al disco una textura casi cinematográfica, como si cada canción fuera una escena de una película de ciencia ficción sentimental, y esa mezcla de vulnerabilidad y producción pulida lo convierte en un objeto extraño y hermoso dentro de su discografía.
El impacto de 'Angles' fue inmediato y contradictorio: mientras algunos críticos lo recibieron con escepticismo, señalando que la banda había perdido la urgencia de sus inicios, una nueva generación de oyentes encontró en sus texturas y experimentación un punto de entrada fresco al universo de The Strokes. Con el tiempo, el álbum ha sido reevaluado como un puente crucial entre el garage revival de los 2000 y el indie rock más pulido de la década siguiente, influyendo en bandas como Vampire Weekend y Tame Impala, que tomaron prestada esa mezcla de nostalgia y modernidad. Además, 'Angles' marcó el inicio de una etapa de reinvención para la banda, que luego continuaría con 'Comedown Machine' y 'The New Abnormal', demostrando que no estaban dispuestos a repetirse ni a morir en el intento. En un momento donde el rock buscaba desesperadamente nuevas direcciones, este disco ofreció una respuesta ambigua pero poderosa: la evolución no siempre es lineal, a veces es un ángulo torcido que solo se entiende con la distancia. Hoy, canciones como 'Under Cover of Darkness' se han convertido en himnos de una generación que creció con la banda, y el álbum se sostiene como un documento de una banda en crisis que, en lugar de romperse, decidió bailar sobre sus propias grietas.