En 2018, Unknown Mortal Orchestra ya era un proyecto consolidado en la escena psicodélica indie, pero su líder, Ruban Nielson, sentía una creciente inquietud. Tras el éxito de Multi-Love (2015), un álbum que exploraba la poligamia y la euforia del amor abierto, Nielson se enfrentó a un mundo cambiante: el ascenso del nacionalismo, la ansiedad climática y una paternidad que lo obligaba a mirar de frente el futuro. Sex & Food nació de esa tensión, de la necesidad de reconciliar lo íntimo con lo político. Nielson grabó el disco entre Portland y su Nueva Zelanda natal, trabajando de manera casi solitaria en su estudio casero, aunque luego contó con la colaboración del bajista Jake Portrait y el baterista Riley Geare. El proceso fue deliberadamente sucio y visceral; Nielson quería capturar la energía de un grupo en vivo, pero también la fragilidad de una mente que procesa el caos. Fue un disco parido en la incertidumbre, entre sesiones nocturnas y largas caminatas por la costa neozelandesa, donde la inmensidad del océano contrastaba con la pequeñez de los conflictos humanos.
Musicalmente, Sex & Food es un caleidoscopio de texturas que va del funk sucio al pop distorsionado, pasando por el soul psicodélico y el rock de garaje. La producción, a cargo del propio Nielson, abraza el lo-fi con una crudeza que recuerda a los primeros trabajos de Beck o a la faceta más experimental de Prince, pero con un toque de melancolía muy particular. Canciones como 'American Guilt' abren el álbum con un riff hipnótico y una letra que disecciona la hipocresía del sueño americano, mientras que 'Hunnybee' se convierte en un himno de pop etéreo con una melodía que parece flotar sobre un colchón de sintetizadores. 'Everyone Acts Crazy Nowadays' es puro caos controlado, con una batería que martillea y una voz que se desgarra entre el amor y la desesperación. Las colaboraciones son escasas pero significativas: la cantante y compositora de soul Jessica Pratt aporta coros en 'Not In Love We're Just High', y el saxofonista James Krivchenia suma capas de viento que le dan un aire jazzístico a 'Major League Chemicals'. Lo que hace especial a este disco es su capacidad para ser a la vez íntimo y universal, sucio y hermoso, como si Nielson hubiera encontrado la belleza en las grietas de un mundo que se desmorona.
Sex & Food no fue un éxito comercial masivo, pero sí un disco bisagra en la carrera de Unknown Mortal Orchestra y en la psicodelia contemporánea. Llegó en un momento en que la música indie buscaba respuestas a la polarización política, y Nielson ofreció una mirada lúcida y desencantada, pero no nihilista. El álbum fue aclamado por la crítica especializada, que destacó su honestidad lírica y su riqueza sonora, y se convirtió en un referente para una generación de artistas que buscaban fusionar lo personal con lo político sin caer en el panfleto. Temas como 'Hunnybee' y 'American Guilt' encontraron eco en playlists y radios universitarias, y el disco sonó en festivales como el Primavera Sound y el Pitchfork Music Festival, donde la banda demostró que su sonido en vivo era tan potente como en estudio. Hoy, Sex & Food se reivindica como un testimonio de su época, un álbum que capturó la ansiedad pre-pandémica y la búsqueda de placer en medio del desastre. Su legado reside en haber demostrado que la psicodelia no tiene que ser escapista, que puede ser un espejo incómodo de la realidad, y que la música más vibrante nace a menudo de la contradicción.