Sinfonía N° 2 es un álbum de Johannes Brahms lanzado en 1877. Grabado en Grabado en Viena en 1877 bajo la supervisión del propio Brahms, en un momento en que el compositor ya era una figura central del romanticismo tardío alemán.. Producción a cargo de Johannes Brahms (supervisión artística). Escuchalo completo en LyricStream.
Johannes Brahms completó el 'Ein deutsches Requiem' en 1868, pero la séptima y última sección, 'Selig sind die Toten', fue añadida en 1869 y publicada como parte de la obra completa en 1877. Brahms, profundamente luterano y marcado por la muerte de su madre y la de Robert Schumann, concibió este réquiem no como una misa litúrgica, sino como un consuelo para los vivos. La grabación de 1877 no fue una sesión fonográfica moderna, sino la primera edición impresa de la partitura, que Brahms revisó personalmente para la editorial Simrock. El estreno de la obra completa había tenido lugar en la Catedral de Bremen en 1868, con gran éxito, y desde entonces Brahms pulió cada detalle de la partitura hasta su publicación definitiva.
La sección 'Selig sind die Toten' cierra el réquiem con una serenidad casi celestial, basada en el texto del Apocalipsis y de los Evangelios, y se distingue por su coro lento y solemne, sin solistas. Brahms utiliza una orquestación contenida, con cuerdas, maderas y arpas que crean una textura etérea, mientras el coro canta en homofonía para transmitir paz y esperanza. A diferencia de otras partes del réquiem, aquí no hay pasajes dramáticos ni fúnebres; todo es una suave transición hacia la luz. La obra completa es una de las cumbres del repertorio coral alemán, y esta sección en particular es la más breve pero la más conmovedora, sin colaboraciones externas más allá del coro y la orquesta dirigidos por el propio Brahms en sus primeras interpretaciones.
El 'Ein deutsches Requiem' revolucionó la música sacra al usar la lengua vernácula alemana en lugar del latín, y al centrarse en el consuelo de los vivos más que en el juicio de los muertos. 'Selig sind die Toten' se convirtió en un himno de esperanza en funerales y conmemoraciones, y su influencia se extiende a compositores como Fauré y Britten. Este movimiento final encapsula la filosofía de Brahms: la muerte como descanso bendecido, no como tragedia. La obra sigue siendo un pilar del repertorio coral sinfónico, y esta sección, por su pureza y emoción contenida, es una de las más interpretadas y grabadas del siglo XIX.