Inspirada por la sofisticación melódica de Rupert Holmes y buscando recuperar la elegancia clásica de sus primeros trabajos pero con un barniz de modernidad pop, Barbra grabó este álbum como un bálsamo para el alma. El proceso fue una inmersión en la suavidad armónica y la canción de autor refinada, buscando un sonido que fuera el reflejo de la tranquilidad, el deseo y la belleza de una tarde de contemplación, resultando en una obra de una calidez y una fuerza emocional reconfortantes que mostraba a una artista en total control de su capacidad para conmover a través de la sutileza sonora.
Musicalmente, el disco es una joya de pop barroco, soft rock vibrante y jazz contemporáneo, donde canciones como la pista titular, 'My Father's Song' y 'By the Way' despliegan una riqueza armónica y una sensibilidad vocal conmovedoras. El sonido es aterciopelado, con una producción que mima las armonías vocales y resalta la calidez de su voz en arreglos que se sienten tanto modernos como atemporales, creando una atmósfera de intimidad y serenidad que envuelve al oyente en un sentimiento de bienestar y esperanza, demostrando que Barbra seguía siendo la maestra suprema de la emoción honesta y contenida.
Lazy Afternoon fue aclamado como uno de sus mejores trabajos de los setenta, consolidando su reputación como la guardiana eterna de la llama del buen gusto musical. Su legado reside en haber reafirmado que la calidad y la verdad no necesitan de grandes estridencias para ser poderosas, dejando una huella de elegancia y humanidad que ha seguido marcando el camino de Barbra hacia una carrera de longevidad y respeto inigualables, consolidándola como una voz indispensable para entender el corazón de la música popular del siglo XX.