En un giro de 180 grados tras su etapa más introspectiva y buscando una inmediatez y una energía pop todavía más directa, Beck se encerró en el estudio con el productor Greg Kurstin durante varios años para grabar un disco inspirado por la alegría pura y la explosión cromática de la vida. El proceso fue una búsqueda de la 'canción pop perfecta' en términos de estructura, ritmo y brillo radiofónico, sin perder la inventiva y el ingenio que lo caracterizan, resultando en su trabajo más accesible, vibrante y desvergonzado hasta la fecha, diseñado para celebrar la vitalidad del momento presente.
El álbum es un festín de pop-disco, rock de estadio y arreglos de sintetizadores brillantes, destacando himnos mundiales como 'Dreams', 'Wow', 'Up All Night' y la pista titular. El sonido es nítido, bailable y cargado de una energía contagiosa que recuerda a la era dorada del pop de los ochenta reinterpretada desde una perspectiva crítica y moderna, creando una atmósfera de euforia nerviosa y profundidad lírica que muestra a un Beck que no teme abrazar la comercialidad como una herramienta de diversión intelectual y emocional suprema, con una técnica vocal y una clase absolutamente envidiables.
Colors le valió a Beck varios premios Grammy y demostró su inagotable capacidad para dominar cualquier género con una integridad y un carisma absolutamente incombustibles. Su impacto cultural fue inmenso, demostrando que una leyenda veterana podía reinventarse para el gran público sin perder su identidad, dejando un legado de himnos inmortales para la pista de baile que reafirmaron su estatus como uno de los artistas más completos y carismáticas de la historia de la música mundial, siempre listo para reclamar el centro del escenario con una sonrisa y una melodía perfecta.