Donna Summer llegó a 1977 como la reina indiscutible de la disco, pero con un hambre artística que iba más allá de la pista de baile. Tras el terremoto electrónico de 'I Feel Love', ella y su mentor Giorgio Moroder querían demostrar que el género podía contar historias complejas, no solo hacer mover caderas. Así nació la idea de un álbum conceptual basado en los cuentos de hadas, pero con una mirada成人 y urbana, un viaje musical que comenzaba con el sueño de una Cenicienta moderna en la Nueva York de los años setenta. Las sesiones se realizaron en los legendarios Musicland Studios de Múnich, un bunker creativo donde Moroder y su ingeniero Juergen Koppers perfeccionaban su sonido eurodisco con una precisión casi obsesiva. Summer, agotada pero eufórica por el éxito, llegaba al estudio con el libreto del cuento bajo el brazo, y entre tomas de voz y arreglos de cuerdas, el álbum se fue tejiendo como un tapiz nocturno de sintetizadores y orquestaciones. Era un momento de confianza absoluta: Moroder ya no solo producía, sino que coreografiaba cada crescendo, y Donna se entregaba a una narrativa que la convertía en actriz y cantante a la vez.
Musicalmente, 'Once Upon a Time...' es un audaz álbum doble que se despliega como una ópera disco, con cada canción funcionando como un capítulo de una noche de transformación. El sonido es una amalgama de la electrónica pionera de Moroder —con sus bajos sintéticos y secuencias hipnóticas— y arreglos sinfónicos de cuerdas que evocan los cuentos de los hermanos Grimm pero con un brillo de discoteca. Canciones como 'I Love You' y 'Faster and Faster to Nowhere' son motores de pista, pero es 'Once Upon a Time...' la que abre el viaje con un spoken word que recuerda a un narrador de fábulas, mientras que 'Now I Need You' muestra a Summer en su faceta más vulnerable y soul. La colaboración con el letrista Pete Bellotte fue crucial para darle coherencia al libreto, y la banda de sesión de Múnich —con el baterista Keith Forsey y el bajista Dave King— aportó una precisión robótica que se volvió marca de la casa. Lo que hace especial a este disco es su ambición sin red: no es una colección de hits, sino una experiencia inmersiva que exige ser escuchada de principio a fin, con interludios instrumentales que unen los temas como si fueran actos de una obra teatral.
El impacto de 'Once Upon a Time...' fue doble: comercialmente, consolidó a Donna Summer como la primera artista femenina en tener un álbum doble en el top 10 de Billboard, pero culturalmente, abrió la puerta a que la música disco se tomara en serio como vehículo narrativo. En una época donde el género era a menudo despreciado por la crítica rock, este álbum demostró que se podía contar una historia de empoderamiento femenino —la Cenicienta que no espera un príncipe, sino que conquista la ciudad— con la misma seriedad que cualquier ópera rock. Su legado resuena en artistas como Madonna, que años después usaría la estructura conceptual para 'Like a Virgin', o en la electrónica actual que busca fusionar narrativa y baile. Además, fue un paso crucial en la evolución del sonido de Moroder, que llevaría sus ideas a la banda sonora de 'Midnight Express' y más tarde al pop mainstream. 'Once Upon a Time...' no es solo un disco de Donna Summer: es un manifiesto de que la disco podía ser ambiciosa, emocional y, sobre todo, una forma legítima de arte narrativo.