Tras el éxito inesperado de su nominación al Óscar por la canción "Miss Misery" de la banda sonora de *Good Will Hunting*, Elliott Smith se encontraba en una encrucijada: el mundo del indie rock lo veneraba, pero las grandes discográficas llamaban a su puerta. Firmó con DreamWorks Records, un sello que prometía darle recursos sin coartar su visión, y se encerró en los estudios Jackpot! de Portland, el mismo donde había grabado sus discos anteriores, pero esta vez con un presupuesto que permitía sesiones en Los Ángeles. Acompañado por los productores Rob Schnapf y Tom Rothrock, que ya habían trabajado con él en *Either/Or*, Smith decidió expandir su sonido sin perder la intimidad que lo caracterizaba. Las sesiones fueron largas y meticulosas, con Elliott tocando la mayoría de los instrumentos pero también rodeándose de músicos como Joey Waronker (batería) y el mismo Schnapf en guitarras. El disco nació de una mezcla de canciones nuevas y viejas, algunas escritas años atrás, y otras compuestas en el estudio, reflejando un momento de transición donde el artista lidiaba con la fama, la adicción y la búsqueda de un lenguaje musical más ambicioso.
Musicalmente, *XO* es un puente entre la fragilidad acústica de sus primeros trabajos y una producción más rica y orquestal, sin caer en el exceso. Canciones como "Sweet Adeline" abren el disco con un crescendo de cuerdas y guitarras distorsionadas que anuncian un nuevo horizonte sonoro, mientras que "Waltz #2 (XO)" es un vals melancólico de piano y voz que se convierte en un himno de amor y resentimiento. La colaboración con el arreglista de cuerdas David Campbell (padre de Beck) añade capas de dramatismo a temas como "Independence Day" y "Everybody Cares, Everybody Understands", elevando la emoción sin sofocar la voz susurrante de Smith. También destacan "Bottle Up and Explode!" con su energía punk contenida, y la delicada "Tomorrow Tomorrow", donde las guitarras acústicas se entrelazan con un solo de slide que parece llorar. Lo que hace especial a *XO* es la forma en que Elliott logra que cada instrumento, cada arreglo, sirva a la canción y no al ego, manteniendo esa sensación de confesión íntima incluso cuando el sonido se agranda.
El impacto de *XO* fue inmediato: la crítica lo aclamó como una obra maestra, y el público abrazó a un artista que demostraba que se podía ser mainstream sin traicionar la sensibilidad indie. Sin embargo, su legado trasciende las listas de popularidad; *XO* se convirtió en un disco de cabecera para toda una generación de compositores que entendieron que la belleza podía nacer del dolor más crudo. En la historia de la música americana, este álbum marca un punto de inflexión donde el rock alternativo de los 90 comenzó a mirar hacia adentro, alejándose del grunge y el britpop para encontrar una voz más personal y literaria. Artistas como Phoebe Bridgers, Julien Baker y甚至连 The National han citado *XO* como una influencia directa, no solo por su sonido sino por su honestidad brutal. Más de veinte años después, el disco sigue sonando fresco, como un diario abierto que nos recuerda que la grandeza artística no está en el volumen, sino en la verdad de cada nota.