Para mediados de los años sesenta, Gerry Mulligan ya era una leyenda viviente del jazz, un baritonista de sonido inconfundible y un arreglista que había ayudado a definir el cool jazz con el noneto de Miles Davis y sus propios cuartetos sin piano. Sin embargo, en 1965, el panorama musical estaba cambiando: el rock and roll, el soul y la invasión británica dominaban las listas, y el jazz buscaba nuevas formas de conectar con el público. Fue en este contexto que Mulligan, siempre inquieto, decidió grabar 'If You Can't Beat 'Em, Join 'Em!', un álbum que, desde su título, revela una postura lúdica y desafiante. Las sesiones tuvieron lugar en Los Ángeles, ciudad que bullía con la energía de la industria del entretenimiento, y Mulligan convocó a una orquesta de cuerdas y vientos, rompiendo con la intimidad de sus anteriores trabajos. El resultado fue un disco que, sin renunciar a la sofisticación armónica del jazz, abrazaba la exuberancia melódica y los arreglos cinematográficos, como si el saxofonista quisiera demostrar que podía competir en el nuevo mercado sin perder su esencia.
Musicalmente, 'If You Can't Beat 'Em, Join 'Em!' es una sorpresa deliciosa y un giro audaz en la discografía de Mulligan. El álbum se sumerge en un sonido orquestal brillante y accesible, donde las cuerdas y los metales se entrelazan con el característico barítono del líder, creando paisajes sonoros que evocan tanto el glamour de Hollywood como la calidez del jazz de cámara. Canciones como 'I'm Gettin' Sentimental Over You' y 'Sweet and Lovely' son tratadas con una elegancia casi pop, pero con la improvisación y el swing intactos, mientras que el tema titular juega con ritmos latinos y un espíritu burbujeante que invita a moverse. La colaboración con el arreglista y compositor Bill Holman es clave aquí, pues aporta una textura orquestal que nunca ahoga la voz de Mulligan, sino que la realza, como si cada nota estuviera envuelta en terciopelo. Lo que hace especial a este disco es su capacidad para ser, al mismo tiempo, un trabajo de jazz genuino y un artefacto de su época, un puente entre la tradición y la cultura popular de mediados de los sesenta.
El impacto cultural de 'If You Can't Beat 'Em, Join 'Em!' es el de un documento valiente en la historia del jazz, un álbum que muchos puristas recibieron con escepticismo pero que con el tiempo ha sido revalorado como una muestra de la versatilidad de Mulligan y su voluntad de no quedarse anclado en el pasado. En un momento en que el jazz académico y el free jazz tomaban caminos divergentes, Mulligan eligió la ruta de la comunicación directa, demostrando que la sofisticación no está reñida con la belleza melódica y el entretenimiento. Este disco importa porque es un testimonio de cómo un gran artista puede adaptarse sin traicionarse, abrazando las cuerdas y los arreglos grandiosos sin perder el alma del swing. Además, su legado resuena en la obra de músicos posteriores que buscaron fusionar el jazz con la orquestación popular, desde los arreglos de Burt Bacharach hasta ciertos trabajos de Steely Dan. 'If You Can't Beat 'Em, Join 'Em!' no es solo un capítulo curioso en la carrera de Mulligan, sino una lección de cómo el arte puede dialogar con su tiempo sin perder la dignidad.