Tras la trágica pérdida de su cantante y amigo Juan Emanuel en 2016, Her se replegó en un silencio creativo que duró casi dos años, hasta que Victor Solf y Simon Carpentier decidieron honrar su legado transformando el dolor en música. Fue en un pequeño estudio del barrio de Le Marais, en París, y luego en Los Ángeles, donde comenzaron a dar forma a 'I Used to Know Her', un álbum que nació de sesiones nocturnas cargadas de improvisación y lágrimas. Cada acorde, cada beat, surgía de la necesidad de reconstruir una identidad sonora que ya no podía ser la misma, pero que tampoco quería olvidar sus raíces. El proceso fue lento, casi terapéutico, y contó con la complicidad de músicos de sesión que llegaban y se iban como fantasmas, dejando capas de texturas que luego Solf y Carpentier tejían con una paciencia de orfebres. El resultado fue un disco que no solo cierra un capítulo, sino que abre una puerta a una nueva forma de entender el soul, el pop y la electrónica desde una perspectiva profundamente humana.
El sonido de 'I Used to Know Her' es un crisol donde el R&B de los 90 se encuentra con la electrónica ambiental y el pop de cámara, creando atmósferas que oscilan entre la intimidad de un susurro y la explosión de un coro celestial. Canciones como 'Five Minutes' y 'Blossom Roses' se convirtieron en himnos instantáneos, gracias a melodías que parecen flotar sobre bases rítmicas hipnóticas, mientras que 'The One' muestra una vulnerabilidad vocal que solo puede venir de quien ha tocado fondo y ha vuelto a subir. La producción, a cargo del propio dúo, es meticulosa pero nunca fría: cada sample de vinilo, cada reverberación, cada silencio está colocado para amplificar la emoción. Destacan las colaboraciones con artistas como la cantante británica Shungu y el productor francés Témé Tan, que aportan matices étnicos y una frescura que rompe con cualquier etiqueta fácil. Lo que hace especial a este álbum es su capacidad de ser a la vez un diario íntimo y una pista de baile para almas rotas, un equilibrio que pocos logran sin caer en el exceso o la cursilería.
El impacto de 'I Used to Know Her' trascendió el circuito indie francés para convertirse en un referente del nuevo soul europeo, demostrando que el duelo puede ser una fuente inagotable de belleza si se canaliza con honestidad. En un momento donde la música tendía a lo descartable, Her apostó por la densidad lírica y la complejidad sonora, ganándose el respeto de críticos y colegas como la mismísima Christine and the Queens, quien lo elogió públicamente. Este disco no solo redefinió la carrera de Her, sino que abrió camino para que otros artistas exploraran la fusión entre la melancolía electrónica y el soul clásico sin temor a sonar pretenciosos. Además, su narrativa sobre la pérdida y la reinvención resonó con fuerza en una generación que buscaba consuelo en tiempos de incertidumbre global. Por todo ello, 'I Used to Know Her' es mucho más que un álbum: es un testimonio de que la música puede sanar, y un recordatorio de que, a veces, para volver a conocernos, primero debemos dejar ir lo que fuimos.