M
Álbum de estudio

Marauder

Interpol
📅 2018🎙 Grabado en el verano de 2017 en los estudios Atomic Sound en Brooklyn, Nueva York, y en Clubhouse Studios en Rhinebeck, Nueva York, durante un período de renovación interna para la banda tras la partida del bajista original Carlos D y el lanzamiento de su previo álbum autotitulado en 2014, que los encontró redefiniendo su identidad sonora.🎛 David Fridmann y Dave Sardy
Cargando canciones...

Interpol llegó a 2018 como una banda que ya había enterrado sus días de aclamación instantánea del siglo XXI, pero que aún cargaba con el peso de ser uno de los pilares del revival post-punk neoyorquino. Tras la salida de Carlos D en 2010, la banda había experimentado con sonidos más oscuros y electrónicos en el álbum homónimo de 2014, pero para Marauder buscaban un regreso a la crudeza y la urgencia que los definió en Turn on the Bright Lights. El proceso de grabación fue deliberadamente áspero, con la banda instalándose en los estudios Atomic Sound en Brooklyn y luego en el rural Clubhouse Studios en Rhinebeck, donde el productor Dave Sardy los empujó a grabar en vivo, casi sin sobregrabaciones, capturando la energía de una banda que tocaba como si su vida dependiera de ello. Paul Banks, Daniel Kessler y Sam Fogarino se encerraron durante meses, descartando decenas de canciones hasta que encontraron un núcleo de once temas que respiraban con una furia contenida, como si cada acorde fuera una declaración de resistencia contra la pulcritud de la producción moderna. El ambiente era tenso pero creativo, con largas sesiones nocturnas donde la improvisación y los errores se celebraban como parte del ADN del disco, un lujo que solo una banda con dos décadas de historia podía permitirse.

Marauder suena como un motor oxidado que se niega a apagarse, con guitarras que raspan y una sección rítmica que golpea con la precisión de un martillo neumático, alejándose de la elegancia gélida de sus primeros trabajos para abrazar una suciedad casi garagera. Canciones como 'If You Really Love Nothing' abren el disco con un riff hipnótico y una letra que Banks entrega con su característico barítono, mientras que 'The Rover' se convirtió en un himno inmediato con su estribillo explosivo y ese bajo que parece trepar por las paredes del estudio. La producción de Dave Sardy, conocido por su trabajo con Oasis y LCD Soundsystem, le da al álbum una calidez analógica que contrasta con la frialdad habitual de Interpol, y temas como 'Nysmaw' y 'Complications' muestran a una banda dispuesta a jugar con estructuras más libres, casi jazzísticas, sin perder el control. La colaboración con el ingeniero James Brown (no el cantante) en la mezcla aportó una textura granulada que hace que cada canción se sienta como un cassette grabado en una sala húmeda, y la presencia de Dave Fridmann en la masterización añadió capas de distorsión que algunos críticos llamaron 'sucias' pero que en realidad son la firma de una banda que ya no necesita demostrar nada. Es un disco que se niega a ser pulido, donde los silencios son tan importantes como los estallidos, y donde cada escucha revela un detalle nuevo en las guitarras enrevesadas de Kessler o en la batería frenética de Fogarino.

Marauder llegó en un momento en que el rock independiente estadounidense estaba saturado de bandas que imitaban el sonido de Interpol, pero ellos mismos se negaron a repetir la fórmula, entregando un álbum que dividió a la crítica pero que con el tiempo ha sido reivindicado como una obra clave de su madurez. Aunque no alcanzó el impacto comercial de sus primeros discos, su legado reside en cómo capturó la esencia de una banda envejeciendo con dignidad, negándose a ser un museo de sí misma y apostando por la imperfección como virtud estética. En la historia de la música americana, Marauder representa ese raro momento en que una banda que definió un género decide romper su propio molde, y aunque algunos lo llamaron un tropiezo, hoy se entiende como un acto de valentía artística que influyó en grupos como Fontaines D.C. o IDLES, que buscaban esa misma autenticidad cruda. Es un disco que importa porque demuestra que el post-punk no es solo un revival nostálgico, sino un lenguaje vivo que puede mutar, y que Interpol, lejos de ser una reliquia, seguía siendo capaz de sorprender y de sonar más peligrosa que cualquier banda veinteañera. Su impacto cultural es sutil pero profundo, un álbum que los fans más acérrimos defienden como el verdadero testamento de una banda que nunca quiso ser fácil, y que en su resistencia a la pulcritud encontró una voz más honesta y visceral.

Recorded atGrabado en el verano de 2017 en los estudios Atomic Sound en Brooklyn, Nueva York, y en Clubhouse Studios en Rhinebeck, Nueva York, durante un período de renovación interna para la banda tras la partida del bajista original Carlos D y el lanzamiento de su previo álbum autotitulado en 2014, que los encontró redefiniendo su identidad sonora.
ProductionDavid Fridmann y Dave Sardy
LabelMatador Records