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Álbum de estudio

Diabolus in Musica

Slayer
📅 1998🎙 Grabado en 1998 en los Ocean Way Recording Studios de Hollywood, California, con el productor Rick Rubin supervisando desde el otro lado del vidrio, mientras Slayer atravesaba una etapa de transición creativa y tensiones internas que marcarían el tono áspero y experimental del disco.🎛 Rick Rubin
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A finales de los noventa, Slayer se encontraba en una encrucijada: el thrash metal que habían ayudado a definir comenzaba a ser desplazado por el nu-metal y el groove, y la banda sentía la necesidad de evolucionar sin perder su identidad brutal. Fue en ese contexto de incertidumbre creativa y tensiones internas —especialmente entre el guitarrista Kerry King y el vocalista Tom Araya— que surgió Diabolus in Musica, un título que evoca el antiguo concepto del 'diablo en la música' o el tritono maldito. Las sesiones de grabación se llevaron a cabo en los míticos Ocean Way Recording Studios de Hollywood, un lugar que había albergado desde discos de Frank Sinatra hasta clásicos del rock, pero que ahora era testigo de la gestación de un álbum que muchos fans recibirían con escepticismo. La producción estuvo a cargo del legendario Rick Rubin, quien ya había trabajado con la banda en discos icónicos como Reign in Blood y Seasons in the Abyss, pero que aquí adoptó un enfoque más sucio y experimental, alejándose de la claridad quirúrgica del pasado. El resultado fue un disco grabado con la misma ferocidad de siempre, pero con un sonido más denso, lento y cavernoso, que reflejaba la incertidumbre y la rabia contenida de un grupo que se negaba a repetirse. A pesar de las disputas internas —King quería un sonido más agresivo y directo, mientras Araya buscaba explorar atmósferas más oscuras—, el álbum se completó en un ambiente de urgencia creativa, como si la banda supiera que estaba arriesgando su legado con cada riff.

Musicalmente, Diabolus in Musica es un giro desconcertante y fascinante en la discografía de Slayer: abandonan en gran medida la velocidad endiablada del thrash para sumergirse en un groove pesado, casi stoner, con guitarras afinadas más grave y un ritmo hipnótico que recuerda al sludge y al doom. Canciones como 'Bitter Peace' y 'Death's Head' abren el álbum con una furia controlada, pero es en 'Stain of Mind' donde la banda encuentra su nuevo norte, con un riff monolítico y un estribillo casi cadencioso que se convierte en un himno de autoafirmación. La colaboración de Rick Rubin no se nota tanto en la producción limpia de antaño, sino en la textura áspera y casi industrial que envuelve cada tema, como si el disco hubiera sido grabado en el fondo de un pozo de asfalto. La portada, con ese cráneo demoníaco y las notas musicales retorcidas, es una declaración de intenciones: Slayer ya no es solo velocidad, sino también atmósfera y malestar sónico. Temas como 'Screaming from the Sky' y 'Point' exploran un lirismo más abstracto, con Araya modulando su voz entre guturales y cantos más melódicos, algo inusual en su repertorio. Lo que hace especial a este álbum es su audacia para romper con las expectativas: en lugar de entregar otro Reign in Blood, Slayer decidió cojear con elegancia hacia terrenos pantanosos, como si quisieran demostrar que el mal también puede ser lento y aplastante.

El impacto de Diabolus in Musica fue inmediatamente polarizante: los puristas del thrash lo recibieron con críticas feroces, acusando a la banda de venderse al nu-metal o de perder su esencia, mientras que una nueva generación de oyentes encontró en su pesadez hipnótica una puerta de entrada al metal extremo. Con el tiempo, el disco ha sido reivindicado como una pieza clave para entender la evolución del metal en los años noventa, un puente entre el thrash clásico y el metal alternativo que dominaría la década siguiente. Su legado reside en su capacidad para incomodar: no es un álbum fácil ni complaciente, sino una obra que desafía al oyente a aceptar que Slayer podía ser lento y retorcido sin perder su esencia demoníaca. Aunque comercialmente no alcanzó las cifras de sus predecesores, Diabolus in Musica abrió el camino para que la banda explorara sonidos más oscuros en trabajos posteriores, como God Hates Us All. Hoy, es considerado un disco de culto dentro de su catálogo, una rareza que demuestra que incluso los gigantes del thrash pueden reinventarse sin traicionar su espíritu. Porque, al final, lo que importa no es la velocidad, sino la intensidad, y este álbum la tiene a raudales, aunque sea a paso de tortuga infernal.

Recorded atGrabado en 1998 en los Ocean Way Recording Studios de Hollywood, California, con el productor Rick Rubin supervisando desde el otro lado del vidrio, mientras Slayer atravesaba una etapa de transición creativa y tensiones internas que marcarían el tono áspero y experimental del disco.
ProductionRick Rubin
LabelAmerican Recordings