A finales de los años setenta, Smokey Robinson ya era una leyenda viva de la música soul, pero sentía la necesidad de redefinirse más allá de los Miracles, el grupo que lo había llevado a la cima durante los sesenta y principios de los setenta. Con 'Where There's Smoke...', su segundo álbum como solista después de 'Smokey' (1973), Robinson decidió tomar las riendas creativas por completo, produciéndose a sí mismo y escribiendo la mayoría de los temas. Las sesiones se realizaron en los emblemáticos estudios de Motown en Hollywood, un entorno familiar pero también cargado de expectativas, pues la compañía atravesaba una metamorfosis artística y comercial. Rodeado de músicos de sesión de primer nivel, como el bajista James Jamerson y el tecladista Sonny Burke, Robinson buscaba un sonido más pulido y bailable que compitiera con la explosión del disco y el funk, sin perder la esencia romántica y melódica que lo distinguía. El título del álbum, un juego de palabras con su apellido, sugería que donde él estuviera, habría fuego creativo y pasión, una declaración de intenciones para una nueva etapa en su carrera.
Musicalmente, 'Where There's Smoke...' es un fascinante cruce entre el smooth soul de los setenta y las incipientes texturas del quiet storm, con arreglos orquestales exuberantes y un bajo profundo que marcaba el pulso de la pista de baile. La canción que abre el disco, 'Don't Play Another Love Song', es un despliegue de sensualidad contenido, con la voz aterciopelada de Robinson deslizándose sobre un groove hipnótico, mientras que 'The Agony and the Ecstasy' se convirtió en un clásico inmediato gracias a su letra desgarradora y un estribillo que explota en armonías celestiales. Destaca también la colaboración con la cantante y compositora Marvina Marrow en los coros, así como la presencia del arreglista Paul Riser, quien dotó a las cuerdas de una calidez casi cinematográfica. Lo que hace especial a este álbum es cómo Robinson logra equilibrar la introspección lírica, casi confesional, con un sonido diseñado para la radio y las discotecas, demostrando que la vulnerabilidad podía ser tan poderosa como el ritmo. Cada tema parece una pequeña obra de arte en miniatura, donde los sintetizadores y las guitarras funky se entrelazan sin esfuerzo con la dulzura de su falsete.
Aunque inicialmente el álbum alcanzó un éxito moderado en las listas de R&B, su verdadero legado se ha ido revelando con el tiempo como un puente crucial entre el soul clásico de Motown y la era del adult contemporary de los ochenta. 'Where There's Smoke...' influyó en una generación de cantautores y productores que buscaban fusionar la intimidad emocional con la producción sofisticada, desde Luther Vandross hasta Babyface, quienes reconocieron en Robinson a un maestro del detalle sonoro. Culturalmente, el disco representa la madurez de un artista que, lejos de aferrarse a su pasado, se atrevió a evolucionar sin traicionar su esencia, demostrando que el romanticismo podía ser moderno y bailable. Hoy, este álbum es una joya redescubierta por coleccionistas y melómanos, una pieza clave para entender cómo el soul se transformó en los albores de una nueva década, y un testimonio de que Smokey Robinson, incluso en solitario, seguía siendo el poeta del ritmo que había conquistado al mundo.