Tras el monumental éxito de Doggystyle y la absolución de un juicio por asesinato que lo mantuvo en vilo durante meses, Snoop Dogg regresó al estudio en 1995 con el peso de ser el heredero del trono de Death Row Records, pero sin la guía de Dr. Dre, quien había abandonado el sello por disputas financieras y creativas. El ambiente en Los Ángeles era eléctrico y peligroso, con la costa oeste en plena guerra con la escena de Nueva York, y Snoop canalizó esa paranoia y euforia en las sesiones de Tha Doggfather, grabadas entre los estudios Death Row y los Can-Am Studios de Tarzana, rodeado de su círculo más cercano: Daz Dillinger, Soopafly, y el veterano DJ Pooh, quien había sido clave en el sonido de su debut. La producción se extendió por más de un año, con Snoop asumiendo un rol de supervisor creativo por primera vez, intentando demostrar que podía sostener el imperio sin la sombra de Dre, mientras lidiaba con la presión de las expectativas y el luto por la muerte de Tupac Shakur en septiembre de 1996, apenas semanas antes del lanzamiento. El resultado fue un disco que, aunque nacido de la turbulencia, reflejaba a un artista que buscaba madurar sin perder la esencia callejera que lo había convertido en un ícono del G-funk.
Musicalmente, Tha Doggfather se aleja del sonido exuberante y funkoso de Doggystyle para adentrarse en un territorio más oscuro, crudo y minimalista, con sintetizadores densos, cajas de ritmo más secas y un bajo que retumba como un motor maltratado, cortesía de productores como Daz Dillinger y el propio Snoop, quienes sustituyeron la magia de Dre por una paleta más áspera y experimental. Canciones como el himno titular "Tha Doggfather" y "Snoop Bounce" mantienen el flow perezoso y carismático de Snoop, pero con una producción que suena a gasolina y asfalto, mientras que cortes como "Groupie" y "Blueberry" introducen un soul melancólico que pocos esperaban de él, mostrando una vulnerabilidad hasta entonces oculta. Las colaboraciones son un mapa de la familia Death Row del momento: Charlie Wilson aporta su voz celestial en "Snoop Bounce", el dúo con Tha Dogg Pound en "Street Life" es pura química callejera, y la aparición de Tupac en el tema póstumo "Heaven 4 a Gangsta" (grabado antes de su muerte) le da al disco un aura fantasmagórica y desgarradora. Aunque la ausencia de Dre se siente en cada surco, hay una honestidad brutal en la manera en que Snoop abraza el caos de su vida y lo convierte en música, logrando que el álbum sea un documento sonoro de un imperio tambaleándose.
Tha Doggfather llegó en un momento de transición violenta para el hip-hop, justo después de la muerte de Tupac y en medio de la implosión de Death Row Records, y aunque inicialmente fue recibido con críticas mixtas por no alcanzar la genialidad de su predecesor, con el tiempo se ha revalorizado como un testimonio crudo de la resistencia artística de Snoop Dogg frente a la adversidad. El álbum debutó en el número uno del Billboard 200 y vendió más de dos millones de copias, demostrando que el carisma de Snoop podía sostener un proyecto incluso sin la producción de Dre, pero también marcó el comienzo del declive del dominio absoluto de Death Row, con el sello desangrándose por disputas internas y legales. Culturalmente, este disco es la última gran declaración del G-funk clásico antes de que el sonido de la costa oeste mutara hacia el gangsta rap más duro de finales de los noventa, y es también el momento en que Snoop empezó a construir su identidad como un sobreviviente, no solo como un rapero. Las letras, cargadas de referencias a su juicio, la lealtad a sus amigos caídos y la paranoia de la fama, lo convierten en un diario íntimo de un hombre que vio la muerte de cerca y decidió seguir contando su historia. Tha Doggfather no es el álbum perfecto que algunos esperaban, pero es el álbum necesario que Snoop necesitaba hacer para demostrar que podía caminar solo, y su legado reside precisamente en esa imperfección valiente y humana.