Can't Touch Us Now es un álbum de Madness lanzado en 2016. Grabado en Grabado entre 2015 y 2016 en los estudios The Dairy de Brixton (Londres) y en los estudios Konk de Tottenham, en un momento de renovación para la banda tras casi tres décadas sin material original de estudio.. Producción a cargo de Liam Watson, Clive Langer, Alan Winstanley. Escuchalo completo en LyricStream.
Para 2016, Madness llevaba treinta años sin lanzar un álbum de canciones originales (el último había sido 'The Rise & Fall' en 1982), aunque su regreso a los escenarios en los noventa los mantuvo como una de las bandas más queridas del ska británico. 'Small World' nació de la necesidad de demostrar que su vena creativa seguía intacta, y el grupo se reunió en los estudios londinenses The Dairy y Konk, trabajando de manera orgánica y sin presiones externas. La producción estuvo a cargo de tres nombres clave en su historia: Liam Watson, y los dúos Clive Langer y Alan Winstanley, quienes ya habían moldeado su sonido clásico en los ochenta. El resultado fue un disco que mezcla la madurez de sus letras con la energía juvenil que siempre los caracterizó.
Sonoramente, 'Small World' retoma el ska pop británico con toques de soul, pop orquestal y hasta ecos de música caribeña, pero con una producción más limpia y arreglos sofisticados que reflejan la experiencia de la banda. Canciones como 'My Girl' (que no debe confundirse con el clásico de The Temptations) y 'How Can I Tell You' destacan por su melancolía y melodías pegadizas, mientras que 'Pam the Hawk' y 'The Bullingdon Boys' muestran su vena satírica y social, con críticas a la clase política británica. Colaboraciones destacadas incluyen la participación del músico y arreglista Nick Moss, y la sección de vientos mantiene ese sello inconfundible de los sonidos de los setenta y ochenta.
Aunque no alcanzó el impacto masivo de sus discos fundacionales, 'Small World' fue recibido con entusiasmo por la crítica y los fanáticos, demostrando que Madness podía evolucionar sin perder su esencia. El álbum reafirmó su lugar como leyendas vivas del ska y el pop británico, y canciones como 'My Girl' se convirtieron en himnos generacionales en sus conciertos. En un panorama musical dominado por el indie y el pop electrónico, este disco importa porque es un testimonio de que la autenticidad y el oficio pueden trascender modas, y porque consolidó el legado de una banda que supo conectar con el público desde el pub hasta el estadio.