En 1977, Aerosmith era una máquina de dinero y excesos. Pero la presión de mantener el éxito y las adicciones descontroladas empezaban a pasar factura. Para 'Draw the Line', decidieron algo diferente: en lugar de ir a un estudio profesional, alquilaron una mansión en Connecticut (la 'Tommy's Place') y se instalaron allí con todo el equipo de grabación. La idea era crear un ambiente relajado y creativo. La realidad fue una orgía de drogas, peleas y sesiones caóticas. Steven Tyler destruyó su voz gritando durante días, Joe Perry apenas podía mantenerse en pie, y Jack Douglas luchaba por conseguir tomas utilizables. Pero en medio del desastre, surgieron canciones que capturaban ese momento de desintegración controlada. El título, 'Draw the Line' ('traza la línea'), era un intento de poner límites a los excesos, una ironía trágica.
El sonido de 'Draw the Line' es más disperso y menos cohesivo que los discos anteriores, pero tiene momentos de genialidad absoluta. La canción que da título al disco abre con un riff de piano y guitarra enganchado, y una letra críptica sobre la adicción, con Tyler imitando a un piano con la boca. 'I Wanna Know Why' es un rock directo y furioso, un clásico menor. 'Critical Mass' tiene un ritmo hipnótico y un solo de guitarra que parece una alucinación. La joya del disco es 'Kings and Queens', una epopeya medieval con arreglos orquestales y coros épicos, una rareza en la discografía de Aerosmith que demuestra su ambición. 'The Hand That Feeds' es un blues lento y sucio, y 'Milk Cow Blues' un cover de blues tradicional que cierra el disco con crudeza. Las colaboraciones incluyen al teclista de los Rolling Stones, Ian McLagan, que añadió sabor a sus teclados. Pero se nota que la banda está cansada: las canciones son más cortas, las ideas menos desarrolladas, y la producción de Jack Douglas (aunque buena) no puede ocultar la falta de chispa en algunos momentos. Es el primer disco de Aerosmith que suena a deberes hechos a la fuerza.
El impacto de 'Draw the Line' fue agridulce. Llegó al puesto 11 del Billboard y vendió bien (disco de platino), pero la crítica fue más fría que nunca, y los fans notaron un bajón de calidad. La gira fue un desastre: Tyler se desmayaba en el escenario, Perry se peleaba con todo el mundo, y al final, en 1979, Joe Perry dejó la banda, seguido poco después por Brad Whitford. 'Draw the Line' fue el canto del cisne de la formación clásica de los 70, y su legado es el de un disco de transición hacia la oscuridad. Con los años, ha sido reivindicado por algunos fans como un disco infravalorado, con momentos brillantes en un mar de caos. Pero para la mayoría, es el punto más bajo de su primera época. Aun así, canciones como 'Draw the Line' y 'Kings and Queens' siguen siendo clásicos en directo. Un disco que dibuja la línea entre la grandeza y la autodestrucción.