Mucho antes de convertirse en el estandarte del soul sureño, un joven Anthony Hamilton grabó este debut en Nueva York buscando hacerse un hueco en la escena del R&B contemporáneo de los noventa. El proceso fue una lucha por encontrar su voz en medio de las tendencias del New Jack Swing y el hip-hop soul, con Anthony intentando inyectar su herencia de gospel y blues en estructuras de producción más comerciales, resultando en un álbum que, aunque injustamente ignorado en su momento, ya mostraba los destellos de un talento vocal absolutamente privilegiado y una honestidad emocional fuera de lo común.
El sonido es una mezcla vibrante de soul suave, ritmos urbanos de los noventa y baladas apasionadas donde la voz rasposa y llena de alma de Anthony brilla en cortes como 'Nobody Else' y la pista titular. La producción es típica de la era, con bajos marcados y teclados sedosos, pero es la interpretación de Hamilton lo que eleva el material, aportando una crudeza y una verdad que lo separaban de los intérpretes más manufacturados de la época, creando una atmósfera de promesa artística y sofisticación vocal que pedía a gritos ser descubierta por un público más amplio.
XTC es hoy visto como el prólogo necesario y fascinante de una de las carreras más sólidas del soul moderno. Su legado reside en ser el documento de un artista en formación que se negaba a comprometer su esencia espiritual por el éxito fácil, dejando una huella de integridad que, años más tarde, florecería en el éxito masivo y el respeto unánime de toda la industria musical, confirmando que la autenticidad es el único camino real hacia la grandeza duradera.