En un ejercicio de nostalgia y poder presente, Anthrax se encerró en los Avatar Studios de Nueva York para regrabas sus clásicos de la era de los ochenta con la formación de ese momento liderada por John Bush. El proceso fue una grabación en directo en el estudio durante apenas dos días, buscando inyectar la potencia, la madurez y la crudeza del sonido de Bush a canciones que fueron escritas originalmente para Belladonna, buscando ofrecer a sus fans una visión actualizada y más pesada de su propio legado histórico, lejos de las producciones más finas de su juventud.
Musicalmente, el disco es un festín de thrash metal robusto y agresivo, donde clásicos como 'Caught in a Mosh', 'Indians' y 'Metal Thrashing Mad' adquieren una nueva dimensión de peso y oscuridad. El sonido es directo, sucio y lleno de una energía de directo asombrosa, con una producción que prioriza el impacto físico de los instrumentos sobre cualquier pulido comercial, creando una atmósfera de celebración y respeto por su propia historia que muestra a una banda en total control de su catálogo y capaz de reinventar su pasado con una autoridad moral y musical envidiables.
Aunque el álbum generó debate entre los puristas de la era Belladonna, The Greater of Two Evils es hoy visto como un documento fascinante de la versatilidad de Anthrax. Su importancia reside en haber demostrado que las grandes canciones de rock son entes vivos que pueden evolucionar con sus intérpretes, dejando un legado de respeto mutuo entre distintas eras de la banda y reafirmando que, sin importar quién esté frente al micrófono, el espíritu de Anthrax es una fuerza inmutable y eterna de la música pesada.