Buscando un sonido todavía más agresivo, metálico y rítmico que el de su predecesor, Bad Brains se alió nuevamente con Ron Saint Germain para crear su disco más cercano al thrash metal y al funk-metal. Grabado en medio de tensiones internas pero con una urgencia creativa innegable, el proceso fue una búsqueda de la máxima saturación sonora y la precisión rítmica, buscando capturar la energía nerviosa del final de la década con una actitud punk y una técnica instrumental absolutamente desbordante que reflejara su madurez como unidad de combate sonora.
El álbum es un asalto de riffs ametralladores y ritmos demoledores, donde himnos como 'Soul Craft', 'Voyage to Infinity' y 'The Prophet's Eye' definieron un nuevo estándar de potencia para la banda. El sonido es denso, vibrante y lleno de una vitalidad asombrosa, con una producción que resalta la fuerza de una sección rítmica que parecía estar en el mejor momento físico de su carrera, creando una atmósfera de rebelión sagrada y poder absoluto que mostró a Bad Brains como los guardianes de la potencia real en el rock pesado contemporáneo.
Quickness consolidó la posición de la banda en la vanguardia del crossover mundial, influyendo enormemente en el nacimiento del nu-metal y el rock alternativo de los noventa. Su importancia histórica reside en haber mantenido viva la integridad de la banda en un momento de cambio radical en la industria, dejando un legado de canciones contundentes que reafirmaron su estatus como una de las bandas más queridas y respetadas de la historia del rock, capaz de encontrar belleza en la furia.