En 1975, Dylan estaba en crisis. Su matrimonio con Sara Lownds se rompía, y de esa herida salió 'Blood on the Tracks', quizás su mejor disco. Las sesiones comenzaron en Nueva York, pero Dylan no quedó satisfecho y regrabó la mitad del disco en Minneapolis con su hermano y músicos locales. El título, 'Sangre en las vías', era una metáfora del dolor. La portada, con Dylan con un cuadro y un fondo rojo, era inquietante. Era su disco más personal y desgarrador.
El sonido de 'Blood on the Tracks' es folk, rock y baladas acústicas, con letras que son confesiones de amor y pérdida. 'Tangled Up in Blue' es una obra maestra de narrativa, una canción sobre el amor que se enreda en el tiempo, con imágenes de caminos, libros y giros. 'Simple Twist of Fate' es una balada de desencuentro. 'You're a Big Girl Now' es un lamento. 'Idiot Wind' es un ataque de rabia y tristeza. 'If You See Her, Say Hello' es una balada de despedida. Las colaboraciones son mínimas. La producción es cálida y directa. Dylan canta con una vulnerabilidad que rara vez había mostrado. Es un disco que duele escuchar, pero es tan hermoso que no puedes parar.
El impacto de 'Blood on the Tracks' fue inmenso: número 1 del Billboard, aclamado por la crítica como uno de sus mejores discos. Con el tiempo, es considerado por muchos su obra maestra, junto a 'Highway 61'. Su legado es el de sangre en las vías, el disco del corazón roto más perfecto jamás grabado.