En 1969, Fleetwood Mac se encontraba en una encrucijada creativa y personal: tras el éxito inicial con el blues puro de sus primeros discos, el carismático guitarrista y compositor Peter Green empezaba a alejarse de la banda, sumido en un consumo excesivo de LSD y en una búsqueda espiritual que lo llevaría a abandonar la música comercial. El grupo, formado por Green, Mick Fleetwood, John McVie, Jeremy Spencer y el recién llegado Danny Kirwan, decidió entonces lanzarse a la grabación de 'Then Play On' en varios estudios de Londres y Los Ángeles, sintiendo que necesitaban evolucionar su sonido para no quedarse atrás en la explosión psicodélica de finales de los sesenta. Las sesiones fueron intensas y caóticas, con Green a menudo ausente o distante, mientras Kirwan y Spencer aportaban nuevas texturas y composiciones que mezclaban folk, rock y blues con arreglos más complejos. La producción, a cargo de la propia banda, reflejó esa urgencia y libertad creativa, capturando tanto la belleza melancólica de temas como 'Oh Well' como la crudeza de improvisaciones que aún conservaban el espíritu del blues de Chicago. Este disco se convirtió en el testamento de una banda que se despedía de su fundador sin saberlo, pero que al mismo tiempo abría la puerta a su futuro como gigantes del rock.
Sonoramente, 'Then Play On' es un álbum de contrastes que va desde la furia eléctrica de 'Oh Well' —con su riff inolvidable y su sección acústica española— hasta la delicadeza etérea de 'Albatross', aunque esta última no aparece aquí pero sí piezas como 'Although the Sun Is Shining' y 'Rattlesnake Shake' que muestran la versatilidad de la banda. Las guitarras de Green y Kirwan se entrelazan en un diálogo constante, con solos que queman y se desvanecen como humo, mientras que la sección rítmica de Fleetwood y McVie sostiene todo con una solidez casi hipnótica. Canciones como 'Coming Your Way' y 'Fighting for Madge' revelan un lado más experimental, con cambios de tempo y arreglos de viento que recuerdan a la escena de Canterbury, mientras que la voz de Green, llena de alma y vulnerabilidad, le da un tono casi espiritual a cada verso. Lo especial de este trabajo es que captura el momento exacto en que Fleetwood Mac dejó de ser una banda de blues pura para convertirse en algo más amplio y ambicioso, sin perder nunca esa conexión visceral con el sentimiento crudo del género que los había hecho famosos. La colaboración entre los tres guitarristas —Green, Kirwan y Spencer— es única, cada uno con un estilo distintivo que se complementa y choca a la vez, creando una atmósfera de tensión creativa que pocas veces se ha repetido.
El impacto cultural de 'Then Play On' es profundo aunque a menudo subestimado, ya que representa el cierre de una era y el comienzo de otra para Fleetwood Mac, marcando el fin del liderazgo de Peter Green y el inicio de una búsqueda sonora que los llevaría eventualmente al superestrellato con el rock californiano de los setenta. En su momento, el álbum fue recibido con entusiasmo por la crítica, que vio en él una evolución natural del blues hacia terrenos más psicodélicos y progresivos, y canciones como 'Oh Well' se convirtieron en himnos de la contracultura británica y estadounidense. Su legado perdura no solo por la calidad de sus composiciones, sino porque documenta el doloroso pero creativo colapso de una formación original que nunca volvería a ser la misma, y porque influyó en generaciones de músicos que buscaban fusionar el blues con la experimentación. Además, es un testimonio de la fragilidad del genio artístico: Peter Green, considerado uno de los mejores guitarristas de su tiempo, grabó aquí algunas de sus últimas grandes obras antes de retirarse a una vida de reclusión y enfermedad mental. Para los amantes de la música, este disco es una joya que merece ser redescubierta, un puente entre el pasado y el futuro de una banda que, sin saberlo, estaba a punto de reinventar el rock.