A finales de los años cincuenta, Johnny Cash ya no era el joven rebelde que grababa en los estudios de Memphis con Sam Phillips; se habÃa convertido en una figura compleja, atrapada entre la fama, las giras interminables y una vida personal turbulenta. Con 'Now, There Was a Song!', Cash decidió hacer una pausa en el frenesà comercial para rendir homenaje a las raÃces de la música americana, un disco conceptual antes de que el término existiera. Grabado en los estudios de Columbia en Nashville, junto a su banda habitual —los Tennessee Two, Luther Perkins en la guitarra y Marshall Grant en el bajo—, el álbum se nutrió de sesiones Ãntimas donde Cash, con su caracterÃstica voz grave y pausada, reinterpretaba clásicos del folk, el gospel y el country primitivo. La producción de Don Law y Frank Jones fue minimalista, capturando la esencia cruda de Cash sin los adornos que luego caracterizarÃan sus trabajos más orquestados. Fue un acto de valentÃa artÃstica: en plena era del rock and roll, Cash se volcaba hacia el pasado, hacia las canciones de los ferrocarriles, los vaqueros y los desposeÃdos, como si intentara encontrar en esas viejas melodÃas la brújula que su propia vida comenzaba a perder.
Musicalmente, 'Now, There Was a Song!' es un viaje de regreso a las fuentes, un álbum que suena a polvo de caminos, a guitarras acústicas rasgadas y al eco de un tren que se pierde en la distancia. Canciones como 'The Wabash Cannonball' y 'The Night They Drove Old Dixie Down' —aunque esta última es más conocida en versiones posteriores— adquieren aquà una intimidad desgarradora, con Cash susurrando más que cantando, como si compartiera un secreto con el oyente. La inclusión de temas tradicionales como 'The Cowboy's Prayer' y 'The Great Speckled Bird' revela su fascinación por la espiritualidad del folklore sureño, mientras que 'The Legend of John Henry's Hammer' muestra su capacidad para convertir una balada obrera en un himno épico. Lo que hace especial a este disco es su honestidad brutal: no hay concesiones al pop, ni arreglos grandilocuentes; solo Cash, su guitarra y su voz, acompañado de un bajo que marca el ritmo como un latido. Es un álbum que respira el aire de los Apalaches, que huele a madera y a whisky barato, y que demuestra que Cash era, ante todo, un narrador de historias antes que una estrella de la radio.
El impacto de 'Now, There Was a Song!' no se midió en ventas inmediatas ni en listas de popularidad, sino en su contribución a la revalorización de la música tradicional americana en un momento en que el paÃs miraba hacia el futuro con ansiedad. Cash, con este disco, se posicionó como un puente entre el viejo mundo del folk rural y la nueva sensibilidad del cantautor moderno, influyendo a artistas tan diversos como Bob Dylan, que años después reconocerÃa la deuda con aquel hombre de negro que cantaba sobre trenes y redención. El álbum es importante porque es una declaración de principios: en una industria que empujaba hacia lo novedoso, Cash eligió la memoria, demostrando que la autenticidad siempre vence a la moda. Aunque hoy no sea uno de sus discos más famosos, es una pieza clave para entender su evolución hacia el Cash de 'Bitter Tears' y 'At Folsom Prison', y un recordatorio de que la grandeza no siempre está en lo nuevo, sino en saber honrar lo que vino antes. 'Now, There Was a Song!' es, en esencia, un álbum sobre el alma de Estados Unidos, sobre sus heridas y sus canciones de cuna, y sobre un hombre que, cantando viejas historias, se encontró a sà mismo.