Para 1962, Ornette Coleman ya era el enfant terrible del jazz, el hombre que había declarado la guerra a la armonía tradicional y había erigido un nuevo templo sonoro con sus cuartetos en el Five Spot. Tras la grabación de 'Free Jazz' en 1960, Coleman se encontraba en un momento de transición: su cuarteto clásico con Don Cherry, Charlie Haden y Billy Higgins se disolvía, y el saxofonista buscaba nuevas voces con las que dialogar. 'Ornette!' nació de esa inquietud, y las sesiones de grabación se realizaron en los estudios de Atlantic Records en Nueva York, con la producción de Neshui Ertegun, quien había apostado por él desde sus días más controvertidos. Coleman convocó a un grupo de músicos que incluía al trompetista Don Cherry, su fiel compañero de batallas, al bajista Jimmy Garrison, que pronto sería pieza clave en el cuarteto de John Coltrane, y al baterista Ed Blackwell, cuyo fraseo polirrítmico y terrenal se convertiría en el motor de un sonido más crudo y orgánico. Estas sesiones fueron intensas, casi rituales, con Coleman dirigiendo a los músicos a través de sus partituras crípticas y silbándoles melodías que ninguno había escuchado antes, creando una atmósfera de descubrimiento constante que queda impresa en cada surco del disco.
Musicalmente, 'Ornette!' es un puente entre el free jazz más incendiario y una especie de lirismo desgarrado que pocas veces se le había escuchado a Coleman con tanta claridad. El álbum abre con 'W.R.U.', un tema que arranca con un riff casi marcial para luego desintegrarse en una danza de líneas quebradas, con el saxo de Coleman sonando como un pájaro herido que canta su propia liberación. 'T & T', por otro lado, es un blues torcido y sudoroso, donde Cherry responde con frases cortas y punzantes mientras Blackwell construye un ritmo que parece tambalearse al borde del abismo. La pieza central, 'C. & D.', es un ejercicio de tensión y distensión que anticipa el trabajo de Coleman con su grupo de los años setenta, con Garrison desplegando un walking que se retuerce sobre sí mismo. La producción de Ertegun es limpia pero no estéril, capturando la sala de grabación con una inmediatez que hace sentir al oyente como si estuviera sentado entre los músicos, sudando con ellos. Lo que hace especial a este disco es la forma en que Coleman logra que el caos suene inevitable, como si cada nota disonante fuera la única posible en ese instante, y la química entre los músicos, especialmente entre el saxo de Coleman y la batería de Blackwell, que no marca el tiempo sino que lo reinventa a cada compás.
El impacto de 'Ornette!' fue inmediato y polarizante: los puristas del jazz lo acusaron de destruir la tradición, mientras que una nueva generación de músicos y oyentes lo abrazó como un manifiesto de libertad total. Este álbum marcó un punto de inflexión en la carrera de Coleman, demostrando que podía moverse más allá del cuarteto de free jazz y explorar texturas más densas y complejas sin perder su voz inconfundible. Con el tiempo, 'Ornette!' se ha consolidado como una obra fundamental en la historia del jazz de vanguardia, influyendo a figuras tan dispares como John Zorn, Pat Metheny y la escena del rock experimental. Su legado reside en haber demostrado que la disonancia no es enemiga de la emoción, y que la música más radical puede ser también la más profundamente humana. En cada escucha, 'Ornette!' sigue sonando como un desafío y una caricia, un testimonio de que el jazz, cuando se atreve a romper sus propias cadenas, puede volar hacia territorios que aún hoy nos parecen imposibles.