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Álbum de estudio

Doggerel

Pixies
📅 2022🎙 Grabado en 2022 en los estudios Guilford Sound en Guilford, Vermont, con algunas sesiones adicionales en el Vox Studios de Los Ángeles, en un momento en que Pixies, ya sin Kim Deal, consolidaba una nueva era con Paz Lenchantin al bajo y una energía renovada tras más de tres décadas de carrera.🎛 Tom Dalgety
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Pixies llegaban a Doggerel con la madurez de quien ha sobrevivido a sus propios mitos, pero también con la urgencia de quien aún tiene algo que demostrar tras el regreso accidentado de la década anterior. La banda, ahora establecida como un cuarteto con Paz Lenchantin en el bajo y el baterista David Lovering, se encerró en los bosques de Vermont durante el invierno de 2022, buscando un sonido más crudo y orgánico que en sus discos previos de reunión. Las sesiones, producidas por Tom Dalgety —quien ya había trabajado con ellos en Beneath the Eyrie—, se desarrollaron en el aislado Guilford Sound, un estudio construido dentro de una iglesia, donde la acústica natural y el silencio del paisaje nevado impregnaron cada toma. Frank Black, con su voz entre gruñido y susurro, llegó con un puñado de canciones que hablaban de envejecer, de la muerte de los ídolos y de la extraña calma que sigue al caos, mientras Joey Santiago tejía guitarras que sonaban a catedrales quemadas. El proceso fue intenso pero fluido, con largas jornadas de improvisación y edición, capturando la esencia de una banda que ya no intenta sonar como en 1989, sino que abraza su propia historia sin nostalgia barata.

Doggerel suena como un cruce entre el folk apocalíptico y el rock de garaje con delirios de grandeza, con una producción que deja espacio para el aire y la tensión entre los instrumentos. Canciones como 'There's a Moon On' abren el disco con un riff que parece salido de un western espacial, mientras que 'Vault of Heaven' es un himno lento que crece hasta explotar en un coro de guitarras distorsionadas y la voz de Lenchantin haciendo contrapunto a la de Black. La colaboración más destacada es la del propio Tom Dalgety, que no solo produjo sino que también tocó teclados y percusión, añadiendo capas de textura que recuerdan a los experimentos más oscuros de Doolittle pero con un pie en el siglo XXI. El álbum se sostiene sobre paradojas: es a la vez íntimo y grandioso, con letras que citan a poetas malditos y referencias a la cultura pop de los 70, mientras la batería de Lovering marca un pulso casi militar en 'Pagan Man' y la guitarra de Santiago se desangra en solos que parecen preguntas sin respuesta. Lo que hace especial a Doggerel es que no busca complacer a nadie: ni a los fans que quieren otro Surfer Rosa, ni a los críticos que esperaban un disco conceptual, sino que simplemente existe como un testimonio de que el ruido también puede envejecer con dignidad.

Aunque Doggerel no rompió récords de ventas ni generó un hit radial, su impacto cultural radica en cómo redefinió lo que significa ser una banda de culto en la era del streaming, demostrando que los Pixies aún podían sorprender sin traicionar su esencia. El disco fue recibido con críticas cálidas pero no eufóricas, y con el tiempo ha sido revalorado como un trabajo de transición que cierra la etapa de reunión y abre una nueva fase más madura y experimental. En la historia de la música americana, Doggerel importa porque es un álbum sobre el paso del tiempo hecho por gente que vivió el auge del rock alternativo y que, en lugar de repetirse, eligió mirar hacia adelante con los ojos bien abiertos. Su legado está en canciones que no se tocarán en los estadios pero que resonarán en los sótanos y las habitaciones de quienes buscan belleza en la imperfección, como un eco de la promesa que hicieron los Pixies en los 80: que el ruido podía ser poesía. Además, el disco sirvió para consolidar a Paz Lenchantin como miembro de pleno derecho, demostrando que la banda podía evolucionar más allá de la sombra de Kim Deal, y eso, en términos de historia musical, es un acto de valentía que pocas bandas de su generación han logrado.

Gravado emGrabado en 2022 en los estudios Guilford Sound en Guilford, Vermont, con algunas sesiones adicionales en el Vox Studios de Los Ángeles, en un momento en que Pixies, ya sin Kim Deal, consolidaba una nueva era con Paz Lenchantin al bajo y una energía renovada tras más de tres décadas de carrera.
ProduçãoTom Dalgety
GravadoraBMG / Infectious Music