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Álbum de estudio

Pony

Rex Orange County
📅 2019🎙 Grabado entre 2018 y 2019 en los estudios Abbey Road de Londres y en el estudio casero del productor Ben Baptie en Los Ángeles, en un momento en que Rex Orange County, veinteañero y ya consolidado tras el éxito de Apricot Princess, buscaba plasmar la ansiedad y euforia de una juventud que se desmorona y se reconstruye a cada paso.🎛 Ben Baptie y Rex Orange County
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Tras el fulgurante ascenso que siguió a Apricot Princess y a sus colaboraciones con Tyler, The Creator, Rex Orange County —nombre artístico de Alex O'Connor— se encontró en una encrucijada creativa: el éxito lo había catapultado a escenarios globales, pero también lo había sumergido en una vorágine de giras, presión y soledad. Con Pony, su tercer álbum de estudio, decidió canalizar esa turbulencia emocional en un disco que funcionara como diario íntimo de un joven que intenta reconciliarse con sus contradicciones. Las sesiones de grabación se desarrollaron de manera nómada, alternando entre el estudio de Ben Baptie en Los Ángeles y los legendarios estudios Abbey Road en Londres, donde la orquesta que viste varios temas fue registrada con una calidez casi cinematográfica. Acompañado por músicos de sesión de primer nivel y con Baptie como coproductor y confidente, O'Connor trabajó con una urgencia palpable, grabando tomas que a menudo conservaban la imperfección de la primera interpretación. El resultado es un disco que respira honestidad, donde cada nota parece extraída de una conversación a media noche entre amigos que ya no tienen nada que ocultar.

Musicalmente, Pony es un desvío fascinante y a la vez una evolución natural: si en trabajos anteriores el británico jugaba con la exuberancia del jazz-pop y el soul orquestal, aquí reduce la instrumentación a lo esencial, dejando que su voz —ahora más rota y confesional— lidere el relato. Canciones como '10/10' abren el álbum con una declaración de vulnerabilidad que se balancea entre la autocompasión y la autoconciencia, mientras que 'Laser Lights' introduce un groove funk que recuerda a los primeros trabajos de Stevie Wonder, pero filtrado por la sensibilidad melancólica del indie británico. La colaboración más destacada llega en 'It Gets Better', donde el saxofón de Sam Beste se enreda con la guitarra acústica para crear un crescendo que es pura catarsis, y en 'Never Had the Balls', una balada minimalista que expone el miedo al compromiso con una crudeza que corta la respiración. Lo que hace especial a Pony es su capacidad para sonar inmenso y pequeño al mismo tiempo: los arreglos de cuerdas de 'Face to Face' evocan la grandeza de un musical de Broadway, pero la letra habla de la incapacidad de mirar a los ojos a quien amas. Es un disco que no teme al silencio, que sabe cuándo dejar que la guitarra acústica respire y cuándo explotar en un estribillo que se clava en la memoria.

El impacto de Pony fue inmediato y sutil a la vez: aunque no repitió los números estratosféricos de Apricot Princess en plataformas, se convirtió en un álbum de culto para una generación que buscaba en la música una validación de sus propias inseguridades. Críticos y fans coincidieron en que era su obra más madura, un testimonio de que la vulnerabilidad podía ser un superpoder en la era del postureo digital. Con el paso de los años, Pony ha adquirido una relevancia casi profética: en un mundo pospandémico, donde la salud mental y la ansiedad juvenil se volvieron temas centrales, las canciones de O'Connor resuenan con una claridad que no tenían en 2019. Además, el disco cimentó su reputación como puente entre el soul clásico y el bedroom pop, influyendo a una nueva camada de artistas que combinan confesiones íntimas con arreglos sofisticados. Su legado, sin embargo, trasciende lo meramente musical: Pony es un álbum que enseña a sus oyentes que está bien no estar bien, que la belleza puede encontrarse en la fragilidad, y que a veces, para avanzar, hay que detenerse y escuchar el propio latido.

Gravado emGrabado entre 2018 y 2019 en los estudios Abbey Road de Londres y en el estudio casero del productor Ben Baptie en Los Ángeles, en un momento en que Rex Orange County, veinteañero y ya consolidado tras el éxito de Apricot Princess, buscaba plasmar la ansiedad y euforia de una juventud que se desmorona y se reconstruye a cada paso.
ProduçãoBen Baptie y Rex Orange County
GravadoraRCA Records