Sophie Allison llegó a la creación de 'Sometimes, Forever' como una artista en plena metamorfosis, después de que su aclamado 'color theory' la consolidara como una de las voces más lúcidas del indie rock contemporáneo. El confinamiento global la encontró en un estado de introspección febril, donde la rutina de grabar demos en su casa se convirtió en un salvavidas emocional. Fue entonces cuando decidió buscar un sonido más ambicioso, algo que capturara la sensación de que el mundo se derrumbaba mientras todo seguía igual. Viajó a los vastos y desérticos estudios Sonic Ranch en Texas, un lugar que por su aislamiento y enormes salas de grabación le ofreció el espacio físico y mental para expandir sus horizontes sonoros. Allí, junto al productor Daniel Knowles y con la influencia fantasmal pero crucial de Oneohtrix Point Never, quien aportó capas de producción electrónica, comenzó a tejer un disco que es a la vez un diario íntimo y un estallido de ruido controlado.
El sonido de 'Sometimes, Forever' es un puente inestable entre la fragilidad del bedroom pop y la grandiosidad del shoegaze de los 90, donde guitarras distorsionadas chocan con sintetizadores etéreos y letras que diseccionan el amor y la dependencia con una precisión quirúrgica. Canciones como 'Bones' abren el disco con un riff hipnótico que se convierte en un himno sobre la fragilidad física y emocional, mientras que 'Unholy Affliction' es un torbellino de guitarras que recuerda a los mejores momentos de My Bloody Valentine pero con una urgencia contemporánea. La colaboración con Oneohtrix Point Never no es intrusiva sino que se siente como una niebla digital que envuelve cada tema, añadiendo texturas de música concreta y electrónica ambiental que elevan la propuesta más allá del rock tradicional. 'Shotgun' es quizás la canción más directa del álbum, un corte pop punzante que habla de la autodestrucción como forma de amor, mientras que el cierre con 'Still' es un ejercicio de tensión que se disuelve en estática, dejando al oyente en un estado de catarsis incompleta. Lo que hace especial a este trabajo es cómo Allison logra que la producción masiva nunca opaque la intimidad de sus confesiones, como si cada acorde distorsionado fuera un grito contenido que finalmente encuentra su cauce.
El impacto de 'Sometimes, Forever' radica en cómo capturó el espíritu de una generación que aprendió a convivir con la ansiedad crónica, convirtiendo la vulnerabilidad en una declaración de fuerza. En un momento en que el indie rock femenino estaba siendo redefinido por artistas como Mitski o Phoebe Bridgers, Soccer Mommy se atrevió a mirar hacia atrás sin nostalgia, tomando la paleta del noise y el dream pop para hablar de problemas muy actuales como la salud mental y las relaciones tóxicas en la era digital. El disco fue recibido como un clásico instantáneo por la crítica, pero su legado va más allá de las listas de mejores del año; es un testimonio de que el rock alternativo puede seguir siendo un vehículo para la experimentación sin perder su corazón punk. Además, demostró que la producción de vanguardia y las emociones crudas no son antagónicas, abriendo puertas para que otras artistas jóvenes se atrevan a trabajar con productores de electrónica sin miedo a perder su esencia. Años después, 'Sometimes, Forever' se escucha como una cápsula del tiempo de un período extraño y doloroso, pero también como un faro de esperanza para quienes buscan belleza en el caos, reafirmando a Soccer Mommy como una de las narradoras más importantes de su generación.