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Álbum de estudio

Heartworms

The Shins
📅 2017🎙 Grabado principalmente entre 2015 y 2016 en los estudios de James Mercer en Portland, Oregón, y en el estudio casero del productor Richard Swift en Los Ángeles, durante un período de transición para la banda tras la salida de miembros clave y la búsqueda de un sonido más directo y personal.🎛 James Mercer y Richard Swift
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Para 2017, The Shins ya no era la banda que había irrumpido en la escena indie con aquella frescura pop de principios de los 2000; James Mercer, el alma y cerebro del proyecto, había visto cómo sus compañeros de ruta se desvanecían uno a uno, dejándolo como el único miembro original en un nuevo yermo creativo. Tras el experimental y algo frío 'Port of Morrow', Mercer sintió la necesidad de regresar a un sonido más íntimo y crudo, casi como un exorcismo personal de las tensiones acumuladas durante años de giras y cambios de alineación. El álbum fue gestándose en su hogar en Portland, donde comenzó a escribir canciones con una urgencia renovada, alejándose de los grandes estudios para buscar la calidez de lo imperfecto, de las grabaciones caseras que capturan el alma de una idea antes de que la producción la pula en exceso. Luego, se trasladó al estudio de Richard Swift en Los Ángeles, un viejo amigo y productor que entendía la melancolía pop de Mercer como nadie, y juntos pasaron meses horneando estas canciones con una paciencia de artesanos, entre sesiones de whiskey y discusiones sobre arreglos que a veces duraban hasta el amanecer. El resultado fue un disco que se siente como una carta escrita a mano en una era de correos electrónicos, donde cada rasguño de guitarra y cada suspiro de la voz de Mercer cuenta una historia de vulnerabilidad y resistencia.

Musicalmente, 'Heartworms' es un viaje de contrastes que oscila entre la luminosidad pop y una oscuridad casi subterránea, como si Mercer hubiera decidido bailar sobre las ruinas de su propio corazón. Canciones como 'Name for You' abren el disco con una energía efervescente y guitarras que recuerdan al power pop más optimista de los 60, mientras que 'Dead Alive' se sumerge en un groove funk oscuro y nervioso, con una línea de bajo que parece reptar entre las sombras. El tema que da título al álbum, 'Heartworms', es una joya de pop barroco con capas de sintetizadores y coros que evocan a un Brian Wilson perdido en el siglo XXI, y 'Half a Million' se convierte en un himno de desamor contenido, con una melodía que se te clava en la memoria como un cuchillo de terciopelo. La producción de Swift es clave aquí: logra que cada canción suene a la vez pulida y desordenada, como un álbum de vinilo rayado que alguien encontró en un mercadillo y que, por alguna razón, suena más verdadero que cualquier disco nuevo. Colaboraciones como la de la cantante Yuuki Matthews en los coros añaden una textura etérea que contrasta con la crudeza de las letras, y la instrumentación incluye desde vibráfonos hasta loops de cinta, creando un collage sonoro que se siente tanto retro como profundamente moderno.

El impacto de 'Heartworms' en el panorama musical de 2017 fue el de un viejo amigo que regresa después de años de silencio, no para repetir sus viejos éxitos, sino para mostrarte las cicatrices que ha acumulado en el camino; la crítica lo recibió con los brazos abiertos, destacando cómo Mercer había logrado reinventar el sonido de The Shins sin perder esa esencia melancólica y literaria que los hizo únicos. Aunque no alcanzó las cimas comerciales de 'Chutes Too Narrow' o 'Wincing the Night Away', el disco se convirtió en un faro para una generación de músicos que buscaban reconciliar la producción digital con la calidez analógica, demostrando que se podía ser íntimo sin ser pequeño. Su legado reside en esa honestidad brutal con la que Mercer canta sobre el amor, la pérdida y la confusión de la mediana edad, temas que resonaron especialmente en una audiencia que había crecido con la banda y ahora enfrentaba sus propias crisis existenciales. Además, 'Heartworms' sirvió como un puente entre el indie rock de los 2000 y las nuevas corrientes de bedroom pop que explotarían años después, influyendo en artistas como Car Seat Headrest o Mitski, que encontraron en su producción casera y sus letras confesionales una hoja de ruta. Al final, este álbum importa porque es un testimonio de que la creatividad no muere cuando se apagan los reflectores, sino que se refugia en los rincones más oscuros del hogar, esperando el momento adecuado para volver a brillar.

Gravado emGrabado principalmente entre 2015 y 2016 en los estudios de James Mercer en Portland, Oregón, y en el estudio casero del productor Richard Swift en Los Ángeles, durante un período de transición para la banda tras la salida de miembros clave y la búsqueda de un sonido más directo y personal.
ProduçãoJames Mercer y Richard Swift
GravadoraColumbia Records / Aural Apothecary