Tras un largo silencio de siete años desde su último disco, los Strokes volvían a la vida en un momento de incertidumbre global y personal, con sus integrantes dispersos entre proyectos solistas y una fama que empezaba a pesar como una losa. Julian Casablancas, siempre el alma díscola del grupo, encontró en Rick Rubin un interlocutor capaz de canalizar su genio errático, y el productor los convocó a su templo sonoro en Malibú, los estudios Shangri-La, un lugar bañado por la luz californiana y el eco de leyendas. Allí, entre 2016 y 2019, fueron llegando canciones que habían sido esbozadas en demos caseros y en sesiones sueltas, pero que en manos de Rubin se despojaron de artificios para encontrar una crudeza nueva, casi confesional. La banda trabajó sin la presión de un éxito inmediato, dejando que las ideas maduraran como fruta en el árbol, y el resultado fue un disco que respiraba la urgencia de quien sabe que el tiempo se acaba pero también la sabiduría de quien ha aprendido a dosificar la emoción. El proceso fue largo y a veces tortuoso, con Casablancas reescribiendo letras hasta el último minuto, pero ese dolor se convirtió en el combustible de un álbum que suena a renacimiento, a banda que se mira al espejo y se reconoce sin maquillaje.
Musicalmente, 'The New Abnormal' es un viaje por la memoria del rock alternativo, pero con una mirada hacia el futuro: guitarras afiladas que recuerdan a los primeros discos, pero con una producción más limpia y unos arreglos que abrazan el pop sin perder la actitud callejera. Canciones como 'The Adults Are Talking' abren el disco con un riff hipnótico que parece sacado de una noche de garage en Nueva York, mientras que 'Brooklyn Bridge to Chorus' es un himno melancólico sobre la nostalgia y la ciudad que nunca duerme, con un estribillo que se te clava en la cabeza. La colaboración con Rick Rubin no solo se siente en la textura sonora, sino en la forma en que cada instrumento ocupa su espacio, desde la batería precisa de Fabrizio Moretti hasta los bajos punzantes de Nikolai Fraiture, pasando por las guitarras tejidas de Nick Valensi y Albert Hammond Jr., que crean un tapiz de melodías entrecruzadas. La joya del álbum, 'At the Door', es una balada electrónica casi fantasmal donde la voz de Casablancas flota sobre un sintetizador minimalista, mostrando una vulnerabilidad que rara vez habíamos visto en él, mientras que 'Ode to the Mets' cierra el disco con una épica contenida, como un adiós a una ciudad y a una era. Lo que hace especial a este trabajo es su capacidad de sonar a la vez clásico y nuevo, como si los Strokes hubieran encontrado la fórmula para envejecer sin perder la chispa, abrazando la producción moderna sin traicionar su esencia de banda de garaje con aspiraciones de estadio.
El impacto de 'The New Abnormal' fue inmediato y profundo, no solo porque demostró que los Strokes seguían siendo relevantes después de dos décadas, sino porque llegó en un momento en que el mundo necesitaba desesperadamente un himno de resistencia y belleza. En la primavera de 2020, mientras la pandemia encerraba a la humanidad en sus casas, este disco se convirtió en la banda sonora de una generación que buscaba consuelo en la música, y canciones como 'The Adults Are Talking' resonaron en millones de oyentes como un grito de esperanza en medio del caos. El álbum ganó el Grammy a Mejor Álbum de Rock Alternativo, un reconocimiento que, más que un premio, fue una reivindicación para una banda que siempre había sido considerada la niña mimada del indie, pero que aquí demostró tener el peso de los grandes. Culturalmente, 'The New Abnormal' marcó el regreso triunfal de un sonido que parecía olvidado, el del rock de guitarras con alma de poeta, y sirvió de puente entre los viejos fans que crecieron con 'Is This It' y una nueva generación que descubría la magia de los Strokes a través de TikTok y Spotify. En la historia de la música americana, este disco quedará como el testamento de una banda que supo reinventarse sin traicionarse, un álbum que habla de la pérdida, la memoria y la posibilidad de empezar de nuevo, y que, como su título sugiere, encontró en lo anormal una nueva forma de normalidad.